EL CINE Y LA ENSEÑANZA
EL CINE Y LA ENSEÑANZA
El fin de la proyección. Nos levantamos de las butacas con los ojos vidriosos,
tanteando en la semipenumbra hasta hallar la puerta de salida. El teórico
Roland Barthes solía decir que el cine comienza en ese primer paso que se da a
la calle, cuando, al ritmo de nuestra caminata, las imágenes arrecian en la
mente y algo en nosotros nos pide decantar la experiencia en una reflexión
íntima o en una conversación compartida. Esta puede ser la primera lección
pedagógica. La película no es la clase, es su punto de partida.
Nos preguntábamos en la presentación en qué medida el cine puede apoyar la
enseñanza. Es indudable que este texto por sí solo no abarca la respuesta. En
este sitio de la Internet hemos conocido aspectos específicos y generales del
lenguaje cinematográfico. De alguna manera, le hemos puesto nombre a aquello
que vemos. Este espacio es un complemento de otras instancias: los Talleres de
Apreciación Cinematográfica para Profesores y los Cine Clubes Escolares. Allí,
en el ejercicio práctico, estos conocimientos específicos del lenguaje
cinematográfico asumen otros ropajes: todo eso que llamamos metodología, aporte
cultural, objetivos transversales y desarrollo de habilidades.
Aun así, podríamos insistir; ¿cuál es el aporte original del arte
cinematográfico a la enseñanza? La experiencia fílmica suele estar asociada al
hemisferio derecho de nuestro cerebro, esa zona muda, territorio de las
emociones, de la imaginación y de la aprehensión espacial. Numerosos estudios
(mencionemos La virtualidad educativa del cine, de la investigadora española
Carmen Urpi Guercia) han sugerido que el cine no sólo activa esta porción
fundamental del ser humano, sino que incide en el desarrollo de las capacidades
de lenguaje, abstracción y reflexión, asociadas al hemisferio izquierdo. Es en
este lazo integral que el cine se torna decisivo para la experiencia educativa.
Tanto en este sitio web, como en las Fichas y Guías de Trabajo de los Cine
Clubes Escolares, hemos dividido los aportes del cine a la enseñanza en tres
áreas integrales:
El cine y la educación de la sensibilidad.
El desarrollo de las sensaciones y de la percepción; el aprendizaje del tiempo
y del espacio vitales a través de la imagen fílmica; sentimientos asociados a
la forma expresiva del cine. Los profesores de Ciencias y Artes tendrán mayor
afinidad con esta área.
Cine, narrativa e imaginación.
La fabulación como transformación de la realidad; la importancia del relato y de
las historias en el desarrollo integral; la ficción como experiencia:
identificación, imitación y representación; catarsis o aprendizaje por
conmoción de los sentimientos. Esta área es beneficiosa para asignaturas de
Lenguaje y Comunicación, Historia e Idiomas.
Desenlace ético de la experiencia fílmica
Autoconciencia o reconocimiento de la identidad personal; Implicación,
distancia, debate y desarrollo de la capacidad crítica; reflexión, memoria y
comprensión. Esta área es patrimonio de todas las asignaturas, en especial de
Filosofía.
La experiencia fílmica como forma de enseñanza enlaza las capacidades
sensitivas y reflexivas del estudiante, pero además es de utilidad para los
docentes en su aspiración de que los diversos conocimientos sean aprehendidos en
el aula. Como ha señalado el cineasta y docente Rafael C. Sánchez en su libro
“La Clave Secreta de la Educación y la Enseñanza” (Eds. Instituto de Estética
de la Pontificia Universidad Católica de Chile), el uso del material
audiovisual despeja el camino ante la morosidad de los conceptos y el
estudiante consuma una imagen interior, esa que permite el maravilloso suceso
del aprendizaje: cuando hacemos nuestro el conocimiento al fundirlo con la
historia personal.
Por último, casi en los bordes de la cinta, lo que queda para el futuro de la
enseñanza es el presente. El presente es el pulso de las presencias. En estos
tiempos, niños, niñas y jóvenes se desenvuelven en un mundo de presencias que
son imágenes. Pero estas imágenes esconden una paradoja. Son tantas que son
ninguna. Llenan nuestros horizontes de intensidades efímeras, se desvanecen con
rapidez.
La presencia de imágenes se transforma en ausencia porque no tenemos seres
humanos que las valoren, recuerden, critiquen o cambien. Esta iniciativa inédita
sobre la aplicación del cine en la enseñanza, busca que nuestros docentes y
estudiantes asuman una actitud ante las imágenes. Actitud que pasa por una
distancia crítica, un compromiso sensible y una reflexión atenta. Se busca
-aunque suene complejo- sentir y pensar la imagen. Conocer el lenguaje del cine
es un primer paso para debatir sobre el audiovisual y la enseñanza.
La defensa de la autonomía del cine no es una postura conservadora, sino una
combinación de necesidad y lucidez. Necesidad: marcar la diferencia con
respecto a otros soportes, medios y lenguajes masivos, como la televisión, la
publicidad, el video-clip o internet. Lucidez: reconocer que todos esos medios
y tecnologías, esas otras imágenes, alimentan la imagen de mundo de la cual el
cine forma parte. Es una relación a la vez tensa y fecunda.
Desde estas tecnologías -con ellas y a pesar de ellas-, el ser humano sigue
creando metáforas, construyendo imaginarios o visiones de mundo que escenifican
los deseos, anhelos y desencantos de una humanidad siempre necesitada de
sueños. No debemos temer tanto al bombardeo de imágenes como a nuestra
indiferencia ante ellas. Y sobre todo, tenemos que combatir nuestro mayor
temor. Ese miedo que nos dice que, a fuerza de ver el mundo, hemos terminado
por perderlo de vista.
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