SEGUNDA PARTE: LA FORMACIÓN DE LÍDERES

SEGUNDA PARTE: LA FORMACIÓN DE LÍDERES.

Autor: D. Alfonso López Quintás 

1.-  El liderazgo propio de la familia y la escuela 

La vida escolar resulta verdaderamente formativa para el niño si le lleva, con la palabra y el ejemplo, a descubrir el auténtico ideal

 La familia es la primera institución que ha de liderar la formación humana del niño. La vida familiar se va tejiendo de ámbitos y tramas de ámbitos, dentro de las cuales el niño adquiere confianza en el entorno y se prepara para relacionarse con lo distinto, distante, externo y extraño sin miedo a alienarse, sino con la esperanza de tornarlo íntimo.

En el hogar, todas las realidades son vividas como ámbitos. En primer lugar, las personas allegadas y el hogar que forman; luego, el pueblo, el paisaje, las obras culturales que se viven, las oraciones que se rezan, los proyectos que se elaboran, por sencillos que sean; en tercer lugar, los utensilios, que no son meros objetos sino fuentes de posibilidades para realizar las tareas cotidianas...

La familiaridad con los ámbitos y las experiencias reversibles de todo orden -sobre todo las de encuentro interpersonal- preparan el ánimo del niño para abrirse a otras realidades más difíciles de captar, por darse en un nivel de realidad no asible, no perceptible con los sentidos. Pensemos en la verdad, la bondad, la piedad, la justicia, la belleza, la libertad... El niño aprende en la familia a utilizar términos que aluden a estas realidades: habla de un día bello, un traje bonito, una acción buena, una persona cariñosa... Pero se verá en perplejidad si alguien le pregunta qué significa, por ejemplo, la belleza, en abstracto.

 2.-  El liderazgo de la escuela

 a.-  El descubrimiento de la importancia de la relación.

Ayudar al niño a pasar de la experiencia espontánea de los ámbitos a la experiencia de cuanto los mismos implican es la tarea propia de los centros escolares. Éstos deben constituir para los niños un segundo hogar, en el que sientan la calidez del acogimiento, la alegría del encuentro, la seguridad de la confianza en el entorno y descubran la importancia decisiva que tales sentimientos encierran para su vida.

El matemático introduce al alumno en el conocimiento de las estructuras y fórmulas, y suscita su asombro ante el poderío y la belleza de las mismas.

El físico le hace ver que todo el universo, en lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, se compone de energías estructuradas, interrelacionadas.

La relación se halla en la base del arte, y, desde la Grecia clásica hasta la Ilustración europea del siglo XVIII, la Estética fue impulsada por el afán de investigar las relaciones generadoras de belleza y expresarlas en lenguaje matemático.

Los profesores de Ciencias explican que el método de conocimiento científico es un camino abierto por el hombre para descubrir un aspecto de la realidad física, el aspecto cuantificable, expresable en lenguaje matemático. Precisamente por haber acotado un objeto de conocimiento muy preciso, el método científico ha obtenido éxitos insospechados, pero esto no nos autoriza a considerarlo como la única vía para conocer la realidad. Existen otros métodos o caminos para acceder a otras tantas vertientes de la realidad que no pueden ser sometidas a cálculo y medida, por ejemplo el valor ético de una acción, la belleza de una obra artística...

El profesor de Historia debe subrayar el influjo que han ejercido en todo tiempo sobre la configuración de la personalidad humana la situación económica, los vaivenes políticos, los conflictos bélicos..., pero no ha de olvidar que la persona humana puede alzarse sobre esas circunstancias y modelar su vida interior con soberanía de espíritu. De modo semejante, debe destacar el valor incondicionado, absoluto, de la persona cuando analice su inserción en un pueblo y una raza. Que la raza y el pueblo tengan mayor amplitud que cada una de las personas no indica que puedan imponerse a éstas y considerarlas como meros medios para el logro de sus fines. La persona no es un caso de los universales hombre, raza, pueblo. Está subordinada a ellos en muchos aspectos, pero ostenta un valor absoluto que la convierte en un fin. El profesor que ejerce función de líder procura guardar el debido equilibrio en la explicación de estos conceptos. De lo contrario, no formará a los jóvenes para la paz y la tolerancia.

El alumno que, a través de las distintas áreas, va descubriendo la importancia de la relación y de las diversas interrelaciones se ve sobrecogido al sentir que toca fondo en la realidad. Cuando el profesor de ética le haga ver que el hombre es "un ser de encuentro", que vive como persona, se desarrolla y madura como tal creando toda suerte de encuentros -que son modos elevados de relación-, advertirá, asombrado, que el hombre se halla en la línea de todo el universo pero con una inmensa diferencia: Los seres inferiores al hombre viven en relación y, por eso, tienen una realidad consistente y perdurable, pero no lo saben ni lo quieren. Sólo el hombre es consciente de ello y de que la unidad con los demás seres no le viene dada del todo sino que en buena medida debe él crearla. En ello consiste su gran privilegio y su máximo riesgo.

 

b.-  Urdimbres que constituyen la trama de la vida humana

Para que el alumno se haga cargo de que la principal tarea de su vida consiste en crear relaciones, la escuela debe ayudarle a captar las diferentes tramas o "urdimbres" que van constituyendo su ámbito personal y que él en buena medida debe colaborar a fundar a fin de cobrar confianza en el entorno y crecer como persona. Entre ellas destacan las siguientes:

-  La urdimbre formada por los padres -al fundar una familia por amor- y el niño al que llaman a la existencia. Los seres humanos venimos del amor que crea un lugar de encuentro estable -el hogar- y de una llamada amorosa.

-  La urdimbre que se crea entre los familiares y el niño ya nacido. Es la "urdimbre afectiva y tutelar" (J. Rof Carballo) que constituye la base del desarrollo personal del ser humano. Empezamos a vivir como personas al sentirnos acogidos y amados. La necesidad natural de verse rodeado de afecto otorga al niño el derecho a tener padres vinculados en un auténtico hogar, entendido -al modo latino- como "focus", "lugar donde arde el fuego del amor".

-  La urdimbre que van formando los distintos modos de realidad -el biológico, el fisiológico, el psíquico, el espiritual...- que integran el ser del niño cuando éste los aúna para conseguir la meta de la vida, el ideal que le da sentido. El ideal otorga al ser humano el impulso necesario para ensamblar todas sus energías en la realización de una misma tarea: vivir plenamente la vida personal. La capacidad de poner todas las fuerzas del propio ser al servicio de un ideal elevado define la auténtica libertad, la libertad interior o libertad creativa.

-  La urdimbre creada por el yo, así integrado, al vincularse al mundo de las ideas, los valores, los ideales, las obras culturales, los pueblos, las instituciones... Esta urdimbre da lugar a la vida ética, estética, cultural...

-  La urdimbre formada entre el Creador y la criatura cuando ésta responde positivamente a la oferta de amor que Aquél le hace al llamarla a la existencia y cultiva la experiencia religiosa como una forma de religación radical.

Estas urdimbres y la vinculación entre ellas debe el ser humano crearlas a lo largo de la vida, y, al hacerlo, descubre por sí mismo las posibilidades inmensas que alberga su existencia cuando establece las debidas relaciones con el entorno. Ese descubrimiento le inspira un profundo respeto a su propia persona y cuanto ella implica. Tal actitud de asombro ante su misma realidad personal, por sencilla y menesterosa que le parezca en principio, lo dotará constantemente de la energía espiritual necesaria para vivir de forma creativa, asumiendo activamente las posibilidades que le ofrecen las diversas realidades que forman su habitat físico y espiritual: los padres y familiares, la vida escolar, el pueblo, la tradición cultural, las creencias religiosas...

 3.-  La escuela debe desarrollar la personalidad del alumno

 Los centros escolares que elaboran su ideario y su método de enseñanza a la luz de una idea parcial del ser humano -al que ven como un mero "ciudadano", un medio al servicio de la sociedad- no suelen tener como meta lograr un desarrollo pleno de la persona del alumno, sino formarlo en orden a desempeñar una determinada función en la vida social. Debiera la escuela preguntarse si ese ciudadano que está siendo preparado para ser una pieza útil en la sociedad cuenta con las urdimbres necesarias para llevar una vida personal armónica y plena. De día en día, la investigación pedagógica descubre con mayor claridad que la escuela debe ayudar a niños y jóvenes a unirse activamente a las realidades que les ofrecen posibilidades de vida. Se trata de ámbitos con los cuales pueden crear ámbitos de mayor envergadura.

Al disponer de tal formación, el niño y el joven ganan un poder de discernimiento suficiente para neutralizar el posible efecto negativo que ejercen sobre su ánimo las "escuelas paralelas": "la calle", los medios de comunicación, las amistades... De ellas reciben a menudo multitud de ideas y orientaciones banales e incluso destructivas, en las que no pueden encontrar un modelo de vida coherente y lleno de sentido. Al no captar el sentido de cuanto se oye y ve, se siente uno perdido intelectualmente y acaba pensando que nada vale la pena. Esta apatía se extiende incluso a lo que encierra un notable valor y degenera fácilmente en indiferencia.

La escuela tiene aquí una tarea decisiva: ayudar a niños y jóvenes a distinguir lo noble y lo ruin, lo esencial y lo secundario, lo valioso y lo deleznable. Ese poder de discernimiento les permitirá modelar su vida desde su centro, desde la necesidad básica que tienen de crear formas elevadas de unidad con las realidades del entorno. La experiencia nos confirma a diario que los alumnos estiman y agradecen profundamente todo método de enseñanza que les abra los ojos al ofrecerles claves de orientación.

Dado que la persona adquiere sentido al crear ámbitos con otras realidades ambitales y, a la vez, les otorga sentido a ellas, se desarrolla en medida directamente proporcional a la importancia del mismo. Este desarrollo personal es el objeto de estudio de la ética como disciplina. A esta luz se comprenden perfectamente las siguientes afirmaciones: “Como el encuentro es el lugar privilegiado de la experiencia metafísica, así también es el lugar privilegiado de la experiencia ética”. En efecto, los valores éticos, asumidos por la persona y convertidos así en virtudes, hacen posible crear las diversas formas de encuentro, que constituyen la trama dinámica de la vida personal.

La teoría de los ámbitos nos permite comprender a fondo y de cerca la actividad creativa de los seres humanos, que no sólo crean formas de unión elevadas con otras personas sino también con realidades infrapersonales que les ofrecen diversas posibilidades creativas. Los poetas de todos los tiempos lo han intuido y expresado bellamente. Es hora de exponer tal intuición de forma filosófica aquilatada. Ello permitirá analizar las cuestiones éticas de modo más preciso y penetrante.

 4.-  La escuela debe colaborar al cambio de mentalidad

 Esta aplicación del concepto de ámbito exige un cambio de mentalidad, de estilo de pensar y de orientar la vida.

-  Ante una persona, no debemos desear dominarla para disponer de ella, sino colaborar con ella a fin de enriquecer su vida. Entonces respetaremos su condición de ámbito y la estimaremos y valoraremos debidamente. La renuncia a movernos en el plano de la posesión y el dominio nos da el ciento por uno: nos sitúa en el centro dinámico de la vida personal, que es el encuentro.

-  Este cambio de mentalidad -cambio de la actitud objetivista, dominadora de objetos, por la actitud ambital-relacional, que concede suma importancia a la creación de ámbitos mediante la relación de encuentro. Así, el cometido de los centros escolares es "educar en valores y creatividad". Tal educación no se reduce a "enseñar" valores y "describir" lo que implica la actividad creativa. Supone una labor mucho más radical y provechosa: "descubrir" en qué consisten la creatividad y los valores.

-  La tendencia a politizar todas las vertientes de nuestra existencia suele llevarnos a plantear las grandes cuestiones de la vida de forma no realista sino "ideológica", sometida a los rígidos dictados de una concepción partidista de la vida. Urge que nos unamos en el estudio imparcial de cuanto afirma sobre la realidad personal la investigación actual más cualificada en Biología, Antropología filosófica, Ética, Teoría de la creatividad y otras disciplinas afines.

 5.-  La escuela ha de orientar a los alumnos hacia el verdadero ideal

 Es tarea ineludible de la escuela comunicar a los alumnos no sólo los conocimientos "seguros" que aportan la ciencia y la técnica sino la profunda sabiduría que adquirimos al movilizar otros métodos de conocimiento, dotados de un modo propio de rigor y de seguridad. Colabora, así, eficazmente a la renovación ética de la sociedad, pues lo decisivo para realizar un cambio en la conducta es descubrir el verdadero sentido de la propia vida y determinar cuál es la vocación y la misión a que uno se siente llamado por su misma realidad personal. De esa concepción de la vida se derivan las leyes de su desarrollo y el ideal hacia el que tiende.

Bien conocido y asumido el ideal auténtico de la vida, tiene uno energía interior suficiente para encauzar la existencia de modo recto y evitar toda suerte de corrupción. La corrupción procede siempre de la actitud egoísta de quien no atiende al bien de la comunidad sino a sus intereses particulares. El egoísmo arrastra a los distintos modos de vértigo, y éste anula la vida de comunidad. No basta delatar las distintas formas de corrupción. Debemos mostrar de forma convincente que el único modo de libertad que nos reporta felicidad auténtica es el que consiste en elegir, no lo que más nos agrada, sino lo que mejor nos conduce a la realización del ideal, que es fundar modos valiosos de unidad con las realidades circundantes. Esta es la gran tarea que la escuela ha de realizar día a día a través de todas las actividades que realiza, desde la educación física hasta las matemáticas, pasando por las artes, la historia, la filosofía...

Toda conducta degenerativa responde a un descentramiento interior, y éste se debe al olvido de que la vida humana -como acabamos de ver- no tiene sólo un centro -el yo aislado, desvinculado de las realidades que le ofrecen posibilidades de vida creativa-, sino dos -el yo y todo cuanto en su entorno enriquece su vida mediante el aporte de posibilidades, desde las alimentarias hasta las culturales y religiosas-. La tarea de renovar éticamente la sociedad debe abordarse en la raíz de la vida auténtica del hombre, y esta raíz es su condición de ser ambital abierto al encuentro. He aquí el canon que ha de guiar su conducta en esta sociedad que habla de globalización pero se halla atomizada al máximo, ha eliminado las distancias físicas pero no ha unificado sus criterios de vida, antes ha diversificado arbitrariamente los modos de interpretar el mundo y la existencia humana. ¿Cómo conseguirán los niños y jóvenes hallar, en esta "cultura de la complejidad y el desconcierto", un criterio firme para escoger como meta de la vida un ideal que responda a su más genuino modo de ser como persona?

Esta es la pregunta clave de la formación escolar en la actualidad, si queremos que la escuela no sólo imparta conocimientos y saberes sino que forme personas que puedan configurar una sociedad abierta y valiosa en el aspecto humanista. Si los jóvenes se ven a sí mismos como teselas (partes) que constituyen un mosaico cuyo sentido no aciertan a descubrir, quedarán sumidos en un inquietante vacío intelectual, que se traduce inmediatamente en un vacío moral o existencial. El psicólogo vienés Viktor Frankl dedicó su vida a mostrar que este vacío es la causa primordial de multitud de desarreglos psíquicos que angustian al hombre contemporáneo.

La gran tarea de la escuela no consiste sólo en facilitar conocimientos a niños y jóvenes -con vistas a la productividad y competitividad- sino en ayudarles a unirse activamente a las realidades que les permiten ensamblar armónicamente todas sus energías y actividades. Entre tales realidades se destaca el "ideal de la vida", el valor que desempeña la función de "clave de bóveda" del edificio de la personalidad. Como sabemos, el "ideal" no es una mera idea; es una idea motriz que da impulso a la propia vida. Si el ideal es auténtico, le otorga además sentido. Por eso el ideal de la unidad constituye el referente por excelencia que tiene el niño para orientar debidamente su vida.

 6.-  La formación de líderes es ineludible

 Es decisivo ofrecer a los jóvenes mejor dotados las posibilidades que requieren para sacar pleno partido a sus excelentes dotes. Formar un líder significa dotarlo de la preparación adecuada a la tarea que le está asignada. Se trata de una tarea tan ardua y compleja que no puede ser realizada de modo espontáneo, sin una previa ejercitación sistemática.

Es decisivo ofrecer a los jóvenes mejor dotados las posibilidades que requieren para sacar pleno partido a sus excelentes dotes.

La concepción del líder que propongo quiere superar la dicotomía "teoría-práctica". Sin la capacidad de dar claves de orientación lúcidas, nuestra actividad corre peligro de reducirse a vana agitación. Consiguientemente, el que dedica tiempo y esfuerzo a prepararse para ser líder y formar otros líderes contribuye de modo eminente a mejorar la suerte de las personas menesterosas en cualquier aspecto de la vida.

Si sabemos plantear los temas con el debido rigor, daremos razón de mil fenómenos de la vida actual y tomaremos medidas acertadas para mejorar la situación. Sirva de ejemplo la cuestión siguiente. Es sabido que en los últimos tiempos se ha ido reduciendo el valor de la vida humana en diversas vertientes. ¿Qué influencia ejerce tal reduccionismo en la conducta de las personas actuales, por ejemplo en el cultivo creciente de la violencia? Un conocido periodista radiofónico comentó un día con alarma el incremento actual de la violencia, sobre todo en el deporte. Y añadió que "no se entiende este fenómeno pues estamos ante una pura irracionalidad". Si por irracionalidad entendemos que no se puede justificar tal violencia con razones válidas, se trata efectivamente de una práctica irracional. Pero la tendencia actual a ponerla en juego de forma profusa tiene unas causas que pueden y deben ser clarificadas de modo preciso, plenamente racional. A mi ver, el ejercicio de la violencia se da en medida directamente proporcional al cultivo de las experiencias de vértigo o fascinación. Y estas experiencias pueden ser analizadas de modo pormenorizado en su articulación interna. Para ello debemos ahondar en las cuestiones, no limitarnos a describirlas superficialmente. La superficialidad, cuando se aplica a cuestiones básicas, produce verdaderas devastaciones en la vida social.

 Se ha descuidado en exceso la formación de líderes

 Toda labor formativa contribuye de por sí, en alguna medida, a la formación de líderes. Pero la función de líder requiere una preparación específica, que no se logra mediante la mera acumulación de conocimientos. Hoy se descuida incomprensiblemente esa tarea formativa.

-   No se forma a los jóvenes para ser padres y educadores. A menudo, el diálogo entre hijos y padres se colapsa o se torna áspero porque los padres no saben abordar las cuestiones de modo adecuado y recurren al puro argumento de autoridad. No están preparados para ser líderes.

-  No se prepara a los profesores para ser "tutores", formadores de la personalidad de los alumnos. Se confía a algunos docentes esa tarea, pero no se indica qué implica exactamente ésta y cómo ha de realizarse. Con ello, los centros escolares -incluso los que se rigen por un ideario inspirado en el deseo de impartir una formación integral- ven su labor reducida a las tareas "informativas", pues deben confesar que la labor estrictamente "formativa" los desborda porque "no saben qué hacer con la juventud actual".

-  No se ofrece a los futuros gobernantes y legisladores la posibilidad de prepararse a fondo para desempeñar con excelencia su posición de líderes sociales. Una persona dirigente debe adelantarse a los sucesos y decidir la forma de configuración que ha de tener la sociedad para hacer viable el desarrollo cabal de las personas que la constituyen.

Por el bien de la sociedad y de las personas urge realizar una labor sistemática de formación de toda clase de líderes: líderes de opinión, de organización y gestión, de legislación, de configuración de la vida familiar y social, de transmisión de saberes, de defensa y transmisión de los grandes valores... Los líderes bien preparados y motivados constituyen en los pueblos una levadura de valor incalculable, pues dan libertad interior a las gentes frente a la manipulación, facilitan claves para orientarse debidamente en la existencia, ayudan a configurar la vida social de manera fecunda... Esta labor configuradora evita que las diferentes comunidades se conviertan en masas, montones amorfos de meros individuos, y sean fácilmente dominables por los afanosos de poder. Ya sabemos que dos personas avezadas a la manipulación demagógica pueden dominar fácilmente a dos mil personas poco habituadas a la confrontación de ideas y tácticas de dominio.

 7.-  Cómo formar los líderes de la unidad

 Según hemos visto, el líder auténtico necesita un elenco de facultades: cierto grado de inteligencia, ansia de superación, voluntad de compartir los dones, habilidad para comunicar ideas y suscitar sentimientos... Hay personas que tienen el don natural de la iniciativa, del arranque y decisión. Ante el menor estímulo externo movilizan sus recursos para dar una respuesta adecuada. Pero no sólo responden diligentemente a las llamadas del entorno; procuran anticiparse a lo que pueda suceder a fin de resolver airosamente los problemas que se planteen. Podemos decir que tienen madera de líderes. Se sentirán a gusto siempre que miren alrededor, vean alguna necesidad y puedan colaborar a superarla. Estas condiciones naturales constituyen la base de la capacidad de liderazgo. Si esa base es complementada con una formación específica, tendremos unos líderes verdaderamente creativos.

Para formar a un líder debidamente, hemos de ayudarle a descubrir por experiencia propia las exigencias del pensamiento riguroso y las posibilidades creativas que alberga su ser.

Ser creativos significa ser capaces de asumir activamente las posibilidades que nos ofrecen las realidades circundantes en orden a dar lugar a algo nuevo lleno de sentido. Esa forma de acoger posibilidades de acción fecunda supone un modo de unidad estrecha con unas realidades que son distintas de nosotros y, en principio, distantes, externas, extrañas, ajenas.

La forma más eficaz de descubrir por nosotros mismos esa relación de pensamiento riguroso y vida creativa es seguir paso a paso de modo penetrante nuestro proceso de crecimiento personal. Ese seguimiento se realiza -como vimos en la primera parte- a través de doce descubrimientos, mutuamente articulados, que nos revelan lo que es el encuentro y nos permiten vivirlo como una fuente de luz. A medida que vivimos el encuentro personal y sus frutos, y percibimos con creciente claridad que nuestro destino como personas depende del ideal hacia el que orientamos nuestra existencia, nos hacemos cargo de que la mejor manera de formarnos como líderes es descubrir por nosotros mismos el ideal auténtico y aprender a orientar desde él toda la vida.

 8.-  El líder necesita una sólida formación filosófica

 El estudio a fondo del tema del liderazgo nos lleva a concluir que, en la actualidad, para ser líderes debemos ejercitarnos de modo sistemático en el arte del buen pensar, a fin de poder clarificar los conceptos y términos básicos, plantear bien las cuestiones y delatar rápidamente las confusiones y malentendidos provocados por la manipulación. Buen número de escritos y conferencias pierden toda eficacia formativa por estar elaborados con una metodología basta, poco afinada, y por no determinar con claridad el sentido que se otorga en cada caso a los diferentes vocablos.

El conocimiento filosófico se ocupa de indagar las causas profundas de los fenómenos, el trasfondo de las actitudes espirituales de personas y pueblos. En el momento presente de desconcierto intelectual y moral, un líder no puede realizar una labor sólida y fecunda si no sabe delatar las causas de los problemas más graves de la sociedad.

Te preocupa la drogadicción y quieres liberar a los jóvenes de esa plaga. Es muy loable tu propósito. Pero ¿sabes cómo enfocar tu actividad para que tu esfuerzo sea eficaz? Todo tipo de adicción constituye un proceso de vértigo. Necesitas una lúcida teoría del vértigo o fascinación, a fin de revelar tempranamente a niños y jóvenes a qué se exponen cuando inician un proceso de este género. Toda actividad de verdadera prevención se basa en un conocimiento hondo de lo que son e implican las diferentes adicciones patológicas.

Pero no basta dicho conocimiento. Debemos ayudar a los jóvenes a realizar las experiencias que les permitan descubrir la grandeza de la vida humana, su poder creativo, su capacidad de generar felicidad con medios sencillos. Entonces podrán distinguir el proceso de vértigo -que agosta nuestra vida al recluirla en su afán de excitaciones gratificantes- y el proceso de éxtasis, que funda el encuentro, asume los valores más altos y nos orienta hacia el auténtico ideal de la vida.

Estás ante un niño que suele mentir. ¿Qué haces para orientarlo hacia una conducta veraz? ¿Afear su proceder, indicarle que no es de fiar y anular, así, su autoestima? Con ello no conseguirás que crezca un palmo espiritualmente. Descúbrele la grandeza de la veracidad y la sinceridad, su eficacia, sus espléndidos frutos, y el valor de esas virtudes le animará a cambiar su comportamiento al abrirle un horizonte entusiasmante.

Un joven te confiesa su tendencia a cultivar formas de relación meramente pasionales. ¿Te contentas con decirle que esa conducta no es digna de una persona, porque rebaja de nivel de realidad a quien la adopta? No harás con ello sino deprimirlo espiritualmente. No le darás impulso para cambiar. Ayúdale a ver que, frente a una realidad que le atrae, puede adoptar dos actitudes:

1. Dominar esa realidad y convertirla en fuente de gratificaciones sensibles y psicológicas para sí mismo. Al adoptar tal actitud, reduce esa realidad -por ejemplo, una persona atractiva- a condición de "medio para los propios fines", y no la trata como persona sino como objeto, con lo cual anula la posibilidad de encontrarse con ella.

2. Respetar esa realidad, tratarla como lo que es -como una persona- y crear con ella una relación de encuentro. Esta relación exige mucho -ser generoso, fiel, veraz, cordial...-, pero lo da todo: nos llena de energía, de gozo y entusiasmo, de plenitud y felicidad, de paz y amparo interiores.

Al ponerle ante la vista estas dos posibilidades -dominar y no encontrarse, respetar y crear un encuentro fecundo-, verás que el joven queda orientado, y con su talento personal sabrá captar la excelencia de la segunda actitud. Así, cuando se deje arrastrar por el afán de obtener ganancias inmediatas de tipo erótico, una voz interior le hará ver que está renunciando a la tarea más noble de la vida: crear formas elevadas de unidad con las demás personas. Ser capaz de captar la verdad que proclama esta voz íntima significa estar formado. Otorgar esa formación es la tarea propia del verdadero líder.

El cometido del líder no es sólo comunicar la verdad; es preparar a las gentes para que la descubran por sí mismas, se entusiasmen con ella y la asuman como principio impulsor de su vida.

9.-  La función de líder es muy noble por ser ineludible

 Modos diversos de liderazgo

En la vida podemos desempeñar el papel de líderes de formas distintas y con intensidades diversas. Recordemos algunos tipos de líder, a fin de ir perfilando este concepto.

 a.-  El líder, en sentido general: Puede considerarse como líder toda persona que desea ser fiel a su condición comunitaria y acepta el deber consiguiente de contribuir a fundar el Humanismo de la unidad, la solidaridad y el servicio. En este sentido, todos debemos ser líderes en cada momento de la vida. Una persona desempeña el papel de maestro, guía o líder cuando, con su palabra y su ejemplo, ayuda a otra a tomar una dirección acertada en la solución de un problema, en la interpretación de un acontecimiento, en la orientación de la conducta... Si estás bien formado, puedes, con una observación sencilla, dar una clave de orientación que sirva a otros de fuente de luz para encauzar su vida.

# Estás viendo la televisión en familia y haces, de pasada, un comentario acertado sobre un pasaje de una película o sobre una cuestión tratada en un debate. Has ejercido una función de líder respecto a los demás.

# Vas en un vehículo y dices una idea lúcida en la conversación que has iniciado con un compañero de viaje. Has actuado como líder en bien del prójimo.

# Si eres profesor y te esfuerzas en adquirir claves de interpretación de las grandes cuestiones de la vida humana, tendrás múltiples ocasiones de orientar a niños y jóvenes y abrirles horizontes de creatividad. Puedes carecer de todo poder directivo en tu centro escolar, no dar nunca una conferencia ni participar en un debate radiofónico o televisivo. No importa. Estás ejerciendo un espléndido papel de líder. Una indicación certera puede clarificar mil ideas confusas y marcar a una persona la dirección acertada en su vida.

# Como padres de familia, os veis a menudo en la obligación de indicar a vuestros hijos que no han obrado bien y deben actuar de otra forma. Si, al hacerlo, conseguís que descubran por sí mismos que no sois vosotros quienes les amonestáis sino su misma realidad personal, os habréis convertido para ellos en auténticos guías o líderes.

# Te das cuenta de que vives sin rumbo y decides elaborar un proyecto de vida conforme a un ideal valioso y realizarlo esforzadamente día a día. Has actuado como líder o guía de ti mismo.

b.-  El líder, en función de dirigente. Un profesor, un sacerdote, un empresario, un político, un periodista, un escritor... son auténticos líderes si movilizan las amplias posibilidades de que disponen para orientar debidamente la opinión pública y configurar rectamente la sociedad. Estos líderes han de salir de las filas de quienes tienen conciencia de que, por ser miembros de una comunidad, deben ejercer el noble papel de guías.

c.- El líder, como roturador de nuevos caminos. En momentos cruciales, en los que la sociedad pierde el norte y se halla bloqueada por la confusión intelectual y el desánimo, se requieren personas animosas que realicen un esfuerzo especial, den un paso adelante, aceleren su proceso de formación y señalen a los demás la ruta adecuada para salir de la crisis. Tal forma de liderazgo exige la capacidad de arriesgarse a tomar iniciativas y decidirse -cuando sea ineludible- a realizar innovaciones en diferentes aspectos de la vida: estructuras, modos de conducta, estilos de pensar... Estos líderes ejercen una función decisiva en la sociedad si cuentan con la debida madurez en el aspecto intelectual y espiritual y proceden con desprendimiento.

# No raras veces, líderes bien dotados se convierten en una maldición para su entorno -personas, instituciones, pueblos...- debido al egoísmo y la altanería. En casos, los líderes no sólo guían sino que ordenan y mandan. El poder de mandar implica cierta soberanía, superioridad, señorío. Debido a su posición privilegiada, tales líderes son considerados a menudo por las gentes como seres superiores, capaces de decidir el destino ajeno. Esta exaltación orla la figura de los líderes de un gran prestigio social y puede llevarles a embriagarse de poder y tomarlo como la meta de su vida, olvidando que todo su poderío sólo tiene sentido cuando es puesto al servicio del pueblo.

# Por el contrario, existen líderes que convierten el liderazgo en una fuente de riqueza para los demás. A este grupo de líderes consagraré la atención, pues la sociedad actual necesita, más que nunca, personas que funden vida de comunidad -creando generosamente vínculos, lazos de comprensión, solidaridad y entrega- y lo hagan con pleno convencimiento del valor de esa tarea y sepan dar razón de sus motivaciones.

 10.-  La formación de líderes

 Este tipo de liderazgo sólo se logra con una debida preparación. Incluso quienes "tienen madera de líder" han de adquirir una formación cuidadosa si quieren desempeñar bien su cometido. La sociedad no debe limitarse a esperar que surjan los líderes espontáneamente. Ha de cultivarlos con esmero y destreza, a fin de que cumplan sus tareas propias de forma satisfactoria.

El líder auténtico es el fruto de un proceso formativo, en el cual una persona se hace cargo de su responsabilidad como miembro de un conjunto social.

Auténtico líder es la persona que se esfuerza en pensar con rigor, sin frivolidad, y vivir creativamente, con libertad interior suficiente para no recluirse egoístamente en sí mismo y abrirse a todo lo que se presenta como algo valioso que pide ser realizado en la vida.

 11.-  Obligación de ser líderes

 Puede haber personas que no se sientan capaces de dar cursos y conferencias por falta de tiempo, de formación, de facilidad de palabra..., o sencillamente de ocasión para hacerlo. Si se preocupan de conocer cada día un poco mejor las leyes de nuestro desarrollo personal, podrán en cualquier momento de su vida hacer una observación certera respecto a una cuestión relevante, y esto los convierte en líderes. Suele decirse que "el poeta nace y el orador se hace". Para ser buen orador se requieren también ciertas dotes naturales, pero éstas pueden perfeccionarse mediante un aprendizaje adecuado.

Si el líder está dotado de "carisma" -poder extraordinario de persuasión y atracción-, dispone de una facilidad especial para transmitir doctrinas y entusiasmar con ellas a las gentes. Pero no debemos reducir el líder a una persona carismática que arrastra multitudes. La labor del líder puede ser muy sencilla, nada deslumbrante, y presentar, sin embargo, una gran eficiencia. Es conveniente "desmitificar" la idea de líder, es decir, entenderla de modo sobrio y sereno, atendiendo más a la eficacia y trascendencia de la acción realizada que a la espectacularidad del modo de actuar. El poder de convicción del buen líder radica, sobre todo, en la decisión y energía que muestra al saberse en el camino recto, el que conduce al ideal auténtico de la vida humana. Su fuerza de persuasión procede de este ideal más que de sus condiciones personales.

 12.-  La preocupante situación actual

 Entre los padres, los educadores, los dirigentes políticos y culturales crece de día en día la preocupación por el futuro de la sociedad.

1. Hay signos claros de decadencia moral: ansia desmesurada de bienes; tendencia a cultivar diversas formas de violencia; deseo patológico de notoriedad; propensión a desgajar el ejercicio del sexo y la creación de formas personales de unión amorosa; inestabilidad alarmante de la vida familiar, con las consiguientes repercusiones en la vida de los niños y los adolescentes.

2. Apenas se consagra tiempo a investigar las causas de este deterioro moral. Con frecuencia, los modeladores de la opinión pública -periodistas, escritores, profesores, políticos...- se limitan a indicar que se trata de "un signo de los tiempos", determinado por los cambios sociales propios de una vida democrática. Los grandes medios de comunicación social no sólo no contribuyen a clarificar la situación y mejorarla sino que la agravan a veces notablemente, pues su meta, de ordinario, no es ofrecer al pueblo productos de alta calidad sino aumentar la audiencia a cualquier precio. Para ello movilizan los recursos más eficaces de la manipulación con el fin soterrado de reducir las personas a "clientes": lectores, oyentes, televidentes...

3. Los centros educativos no disponen de métodos eficaces para detener la caída de la vida cultural en el vacío y ayudar a niños y jóvenes a configurar formas auténticas de pensamiento riguroso y vida creativa.

4.- A fin de conseguir una convivencia pacífica entre personas y grupos sociales, se destaca la necesidad de educar a niños y jóvenes en la tolerancia, pero se confunde a menudo esta virtud con la mera permisividad. Esta falta de un pensamiento penetrante, buscador de esencias, afanoso de adquirir una idea precisa de la vida humana, hace vanos los esfuerzos por orientar a los jóvenes hacia modos de comportamiento inspirados en el ideal de la unidad. Para ser permisivo y tolerar todo tipo de opiniones y conductas, sólo hace falta desinteresarse del bien de los demás. Si quiero ser auténticamente tolerante, debo estar dispuesto a buscar la verdad en común incluso con quienes contradicen mis opiniones. Esta actitud sólo es posible si se tiene un respeto profundo a todas las personas y un amor incondicional a la verdad.

# Se pone interés en erradicar la drogadicción, se toman ciertas medidas contra el tráfico de estupefacientes y se presta ayuda psicológica y médica a quienes sufren las consecuencias de una conducta desarreglada. Pero apenas se elaboran métodos eficaces de prevención. Se organiza algún que otro festival para recabar fondos destinados a la rehabilitación de los drogadictos, pero se difunde en la sociedad una actitud hedonista y se amengua la sensibilidad para los valores más elevados. Con ello se fomenta la entrega de los jóvenes a la drogadicción, pues bien sabemos que todo proceso de fascinación o vértigo -como es dicha entrega- arranca de una actitud de egoísmo, cuya meta es acumular a cualquier precio sensaciones gratificantes. El egoísmo nos mueve a dominar y poseer toda suerte de realidades atractivas para aumentar el cúmulo de sensaciones placenteras. Esta actitud vamos a denominarla "nivel 1" de conducta.

Lo que contribuye a aferrarnos a este "nivel 1" colabora a lanzarnos por la pendiente del vértigo o fascinación. La forma vulgar de expresarse y conducirse quienes participan en ciertos programas televisivos; la exaltación de los instintos; la confusión de libertad y libertinaje; la reducción del amor personal a mera pasión... son modos de comportarse centrados en el propio yo y nos instan, por tanto, a movernos en dicho nivel; nos quitan ánimo para elevarnos al "nivel 2", caracterizado por una actitud de respeto a las diferentes realidades y por la inclinación a crear con ellas relaciones de verdadero encuentro.

 13.- Actitudes contrarias al desarrollo de nuestra personalidad y el modo de superarlas

 1. El reduccionismo. Si nos movemos en el nivel 1, tendemos a reducir los "ámbitos" a condición de "objetos", con el fin soterrado de dominarlos, poseerlos y manejarlos. Se trata del movimiento contrario al de la transformación de los objetos en ámbitos que tiene lugar cuando nuestra meta primaria en la vida -es decir, nuestro ideal- es crear modos elevados de unidad con las realidades circundantes. Esa transformación se da, por ejemplo, cuando se convierte una tabla en un tablero de juego, un piso en un hogar, una sala en un templo...

 2. La manipulación. Manipular significa, básicamente, manejar los ámbitos -sobre todo los superiores, los personales- como si fueran meros objetos. Este tipo de manejo prepotente parece incrementar nuestra dignidad personal, pero la disminuye, porque amengua o anula del todo nuestra capacidad de crear los modos más elevados de unidad -es decir, de encuentro- y desarrollar normalmente nuestra personalidad.

 3. El intrusismo La capacidad fisiológica y psicológica de expresarse (capacidad propia del nivel 1) es semejante en todos los seres humanos. No se debe negar a nadie la posibilidad de hacerlo, incluso cuando padece alguna minusvalía. Pero no todos cumplimos las condiciones que se requieren para hablar en público de forma adecuada al bien del pueblo.

Suele decirse que toda opinión es digna de respeto. Esto es cierto en el nivel 1. Nadie debe ser abochornado porque su timbre de voz sea poco agradable o porque se exprese lentamente. Las condiciones físicas o psíquicas de una persona han de ser respetadas, pues pertenecen a su acervo de cualidades naturales. Pero todo es distinto en el nivel 2, pues aquí estamos ante cualidades adquiridas, fruto de un esfuerzo creativo. Para manifestarme en un foro prestigioso -cátedra, medio de comunicación, parlamento...- debo contar con una preparación adecuada.

Debemos exigir que se nos conceda desde fuera una libertad de expresión sin restricciones -en los centros académicos, en los medios de comunicación, en el parlamento...-. Pero tal libertad no la podemos ejercitar de modo ab-soluto, desligado de toda condición. La condición es que sea una libertad creativa, fecunda para la sociedad.

Parece una decisión muy "democrática", "liberal" y "abierta" permitir a todas las personas expresarse en público acerca de cualquier tema, por delicado que sea, con el pretexto de que "toda opinión es digna de respeto" y cualquier idea puede defenderse si se hace civilizadamente. En el nivel 1 esto es incuestionable, pues todos los seres humanos tenemos la misma naturaleza y somos, en principio, sujetos de los mismos derechos. Pero en el nivel 2 no están en juego los derechos básicos sino los que adquirimos a lo largo de la vida merced a las capacidades que nos procuramos con esfuerzo.

 4. La superficialidad. Saber unir unas letras con otras y percibir lo que expresan nos da capacidad de movimiento, nos otorga cierto dominio sobre el entorno, nos permite recibir información, orientarnos en la vida diaria, comunicarnos, manejar objetos... Todo ello pertenece al nivel 1 cuando realizamos tales actividades sólo “para arreglárnoslas” -como suele decirse-, sin afán creador propiamente dicho. Tener una idea -al menos somera- de lo que es el egoísmo y la tristeza es necesario para entender el lenguaje cotidiano y poder comunicarnos en alguna medida. Descubrir la relación que media entre actuar de forma egoísta y vernos invadidos por un sentimiento de tristeza es un acontecimiento que pertenece al nivel 2, en el que tiene lugar nuestro desarrollo como personas, con cuanto implica de capacidad creadora de toda suerte de relaciones.

En el nivel 1 se da el analfabetismo de primer grado, que nos impide captar los mensajes escritos y nos sume en un estado de desvalimiento espiritual. En el nivel 2 podemos padecer el analfabetismo de segundo grado, es decir, la incapacidad de descubrir el sentido profundo de lo leído. Este tipo de analfabetismo lo padecemos todos en alguna medida, y debe ser propósito diario amenguarlo cuanto podamos.

En momentos cruciales, cuando las crisis culturales ponen a los pueblos en riesgo de perder la auténtica vía de desarrollo espiritual, es ineludible disponer de personas que pongan la vida a la carta de superar todo lo posible este tipo de analfabetismo y ayudar a los demás a clarificar debidamente las bases de la existencia. El analfabeto de segundo grado no dispone de claves de orientación certeras: es incapaz de prever lo que sucede cuando uno inicia ciertos procesos, y, en consecuencia, no puede orientar debidamente su vida y guiar a otros. No está preparado para ser un auténtico "líder".

La superficialidad en el tratamiento de los problemas básicos de la vida causa estragos en la vida personal y social cuando supera ciertos límites. Pondérese el desconcierto que se produce en las gentes cuando se cometen los siguientes errores:

# Se clama contra el alcoholismo, la violencia, la ambición de poder y dominio..., y, a la vez, se insta a las personas a cerrarse en sí egoístamente y no abrirse generosamente a los demás. Este bloqueo personal provoca todo género de adicciones patológicas.

# Se glorían algunos gobernantes de haber devuelto al pueblo las libertades, pero no indican de qué libertades se trata. Si son libertades para entregarse al vértigo, no tienen motivo para vanagloriarse sino para preocuparse, ya que el proceso de vértigo empieza exaltando y al final destruye.

# Se exaltan los procesos de vértigo mediante el recurso manipulador de confundirlos con los procesos de éxtasis, que nos elevan a lo mejor de nosotros mismos..

# Personas influyentes en la opinión pública se declaran "pacifistas", pero su tendencia a reducir el valor de la vida humana amengua nuestra capacidad creadora -creadora sobre todo de formas de encuentro-. Con ello, muy a su pesar tal vez, siembran la discordia y el conflicto. Los mayores peligros proceden en la sociedad actual del error de considerar como un progreso el rebajar la calidad ética del hombre y tomar el permisivismo anárquico como signo de magnanimidad liberal y tolerancia. Se olvida que el único progreso auténtico acontece cuando personas y pueblos saben responder a la invitación de la realidad a asumir activamente los grandes valores. El hombre responsable se halla en el buen camino porque se atiene a las exigencias de la realidad, tal como ésta se nos muestra en su plenitud de implicaciones, es decir, en su verdad plena.

# A menudo se da por supuesto que conseguimos la felicidad plena entregándonos a todo tipo de gratificaciones. Quienes desean someter la realidad a sus deseos en vez de atenerse a ella no suelen molestarse en demostrar nada; consideran expeditivamente como incuestionable lo que favorece sus intereses. Así, confunden felicidad con saciedad de los instintos, vértigo con éxtasis, euforia con entusiasmo. Debido a ello, tienden a escindir el ejercicio del sexo y el cultivo del amor personal.

 5. El relativismo. En el nivel 1, establecemos relaciones lineales -unidireccionales, coactivas- con las realidades del entorno.

# Veo una caja que me entorpece el paso y la retiro sin contemplaciones. Es una experiencia lineal; va de mí a la caja, y en ella termina mi acción.

# En un plano superior, advierto que una persona me pone dificultades para llevar a cabo una actividad. Si tiendo a considerar los seres que me rodean como objetos, tomo a esa persona como "un obstáculo en el camino" y procuro neutralizar su influjo, aunque sea de modo contundente, de modo semejante a como hice con la caja. Esta relación meramente lineal es injusta pues rebajo de rango a dicha persona.

# En un plano todavía más alto, intento ser libre y tropiezo con una norma que somete mi acción a cierto cauce.  Me veo obligado a acatar esa norma.  Al estar acostumbrado -en el nivel 1- a verlo todo como algo distinto, externo y extraño a mí, corro riesgo de dar por hecho que las normas no puedo interiorizarlas y hacerlas íntimas. Someterme a ellas significaría cercenar mi libertad. Deseo, por ello, liberarme de cuanto me coarta y tiendo a desligarme de cuantas realidades o preceptos me impidan elegir en cada momento lo que me apetece.

Para superar este peligro, debemos advertir que en el nivel 2 tratamos con realidades que, por no ser objetos sino ámbitos y ofrecernos diversas posibilidades de acción, pueden colaborar con nosotros a vivir experiencias "reversibles" -bidireccionales- que nos enriquecen como personas. Vincularse u ob-ligarse a este tipo de realidades no significa someterse, sino entrar en relación con una fuente de posibilidades para nosotros. Es una vinculación nutricia, sumamente positiva para la persona obligada. Si quiero interpretar bien una obra musical, debo ser fiel a la partitura, que constituye el cauce indispensable de mi actividad. Pero esa fidelidad no ha de entenderse como sometimiento sino como participación en una fuente de expresividad. Este género de participación constituye mi libertad creativa. Por eso soy tanto más libre interiormente cuanto más fiel. Aquí, libertad no significa franquía para optar por una posibilidad u otra, sino capacidad de crear nuevamente una obra artística. Soy libre en cuanto asumo activamente las posibilidades expresivas que me ofrece la partitura. La capacidad de asumir activamente tales posibilidades es la base de mi poder creativo. Libertad auténtica y creatividad van siempre unidas. Se trata de la "libertad creativa". En ella se une fecundamente el sentirme libre y el verme vinculado a normas, cauces y obligaciones. Tal unidad no constituye un dilema sino un contraste.

 La libertad creativa se vincula genéticamente con la verdad. Por verdad entendemos aquí la patentización luminosa de lo que es una realidad, es decir, de su esencia. Al preguntar Sócrates al sofista Hipias "qué es la belleza", no quiere saber qué realidades considera bellas, sino cuál es la fuente última de su belleza, aquello de lo que participan las realidades que consideramos bellas. Si penetramos en esa raíz profunda de lo que son los seres, descubrimos su verdad.

Este descubrimiento tiene un carácter relacional, se da en la relación activa entre la realidad y nuestra mente. Sin nuestra capacidad de penetrar en la esencia de los seres, la verdad de éstos no se alumbra; pero nosotros no somos, por ello, los dueños de la verdad; no la creamos, contra lo que defiende la corriente relativista, a cuyo juicio la verdad de cada ser depende del modo de pensar de cada persona.

Vista de forma relacional, colaboradora, humilde, la verdad de cada ser de nuestro entorno y de nuestro propio ser -es decir, la patentización luminosa de lo que somos- se convierte para nosotros en una fuente de conocimiento y de seguridad. De conocimiento, porque penetramos en el núcleo de cada realidad y descubrimos lo que podemos llegar a ser en el trato creativo con el entorno. De seguridad, porque la verdad actúa como canon de nuestro pensar y actuar, y constituye una instancia superior a la que deben atenerse todos los ciudadanos, los gobernantes y los gobernados, los poderosos y los débiles. Si se interpreta la verdad de forma subjetiva, como algo dependiente de cada sujeto, sólo podemos obtener alguna forma de unidad de criterio mediante el consenso, que se logra merced a los votos de la mayoría. El afanoso de poder destina todos sus recursos a ganar el favor de los ciudadanos, y la persona particular queda en buena medida desvalida frente al arbitrio de los más fuertes. De esta forma, el relativismo subjetivista se vuelve contra buena parte de sus defensores.

 14.-  La renovación moral y cultural necesita líderes de la unidad

 Orientar a las personas por la vía del pleno crecimiento personal implica persuadirlas a que cumplan esforzadamente las exigencias del encuentro.

Esta decisión a favor de una vida exigente sólo podemos tenerla si contamos con una fuente de energía que contrarreste nuestra gravitación hacia lo fácil y placentero. Esa fuente de energía es el ideal de la unidad o del encuentro. Estamos en una situación crucial, en la que debemos decidir si seguimos optando por el ideal del dominio, la posesión y el disfrute o bien elegimos el ideal de la solidaridad y el servicio.

Para configurar este nuevo tipo de hombre, de sociedad y de época se requiere un cambio de ideal. Esta decisiva labor no es fácil. Hemos de sobrevolar la situación, descubrir las condiciones del desarrollo humano y persuadirnos de que debemos tender hacia el ideal verdadero. Estas tres tareas no podrán realizarlas muchas personas si alguien no da un paso adelante y les muestra la necesidad y la forma óptima de hacerlo.

El que ofrece a las demás personas, con decisión y claridad, un ideal que es auténtico porque responde a su vocación más profunda enciende en su ánimo la voluntad de asumirlo activamente -es decir, de forma creativa-. El entusiasmo no se comunica tanto por el ardor con que se trasmite una doctrina cuanto por el poder que ésta tiene de transformar la vida humana. Para dejar de manifiesto ese poder transfigurador, todo líder auténtico se esfuerza en aclarar debidamente el lenguaje y expresarse de modo transparente. Las palabras deben ser el lugar donde se hace presente y se revela la realidad comunicada. El líder ha de poseer el arte de comunicar. Ha de evitar la rutina y la superficialidad e ir a lo hondo, ofrecer claves lúcidas de interpretación de la vida, y hacerlo en lenguaje directo, no oscurecido por un estilo críptico, pretenciosamente reservado a los iniciados.

 15.-  El líder necesita hoy día una formación integral

 En los momentos decisivos no bastan los remedios superficiales. En el siglo pasado, el dilema que vertebraba las luchas sociales e ideológicas solía ser: "O defender la Religión o atacarla". Actualmente, el dilema es mucho más sutil: "O construir al hombre o destruirlo". Ante este planteamiento, la única acción eficaz es la que va a la raíz de los problemas y busca soluciones radicales. Debemos emprender una actividad rápida, extensa y profunda. Los procesos de descomposición suelen darse a un ritmo acelerado. Hay que diagnosticarlos con penetración y ponerles un remedio urgente. Ello exige saber prever, y esto es posible si se conocen a fondo los principales procesos que podemos seguir en la vida, sobre todo los procesos descendentes -o de vértigo- y los ascendentes -o de éxtasis-.

Si queremos renovar la vida de personas y pueblos, no debemos ocuparnos solamente de evitar los fallos. Hemos de elevar el tono vital de los ciudadanos, ayudarles a ascender a un plano superior de realización como personas. El Premio Nobel de Medicina Alexis Carrel denunció hace años que "la sociedad moderna cometió el error básico de desobedecer la ley del ascenso del espíritu" y "la vida ha replicado de forma automática degradándose, degenerando". "Es indudable -agrega- que la vida demanda del hombre algo más que sus potencias intelectuales: el espíritu forma un todo indivisible; no nos está permitido escoger en este todo la parte que nos gusta" . La sociedad moderna "redujo arbitrariamente el espíritu a la inteligencia".

"Cultivó la inteligencia porque ésta, gracias a la ciencia, nos da dominio sobre todas las cosas. Pero ignoró las demás actividades del espíritu (...): el sentido moral, el carácter, la audacia, el sentido de lo bello, el sentido de lo sacro". "Los programas escolares no ponen a los niños suficientemente en contacto con la belleza de las cosas y del arte".

Para colmar esta laguna, se proclama hoy -incluso desde puestos gubernamentales- que la solución consiste en consagrar la actividad escolar a enseñar valores, fomentar la creatividad, conseguir que los profesores ejerzan también papel de tutores, formadores, modeladores de la personalidad integral de los alumnos. Este afán de conceder primacía a la formación sobre la mera información supone un paso adelante en la tarea educativa, a condición de que aclaremos a fondo algunas cuestiones fundamentales:

1. Los valores no se "enseñan"; debemos "descubrirlos" al tiempo que vivimos lúcidamente el proceso de nuestro desarrollo como personas.

2. Este proceso sólo podemos seguirlo con suficiente lucidez si sabemos adoptar ante los diversos modos de realidad la actitud que éstos reclaman. La actitud utilitarista, dominadora y manipuladora -adecuada al trato con meros objetos o cosas, nivel 1- debe ceder el puesto a una actitud desprendida, respetuosa y colaboradora -nivel 2- cuando se entra en relación con realidades que constituyen una fuente de posibilidades y denominamos "ámbitos". Sólo esta voluntad integradora de diversas actitudes -correspondientes a distintos modos de realidad- nos dispone para realizar toda suerte de encuentros.

3. El profesor que desee, como "tutor", ayudar a los jóvenes a vivir plenamente su proceso formativo -que es una trama de diversos encuentros- ha de ajustar su forma de pensar a las exigencias del encuentro: generosidad, veracidad, fidelidad, cordialidad... Tal ajuste implica mucho más que incrementar los conocimientos; requiere un giro en la actitud interior frente a la realidad, sobre todo a la de las otras personas. Se trata, pues, de una "metanoia", un cambio en el estilo de pensar y de vivir. Este giro podemos realizarlo con decisión cuando aprendemos a pensar con rigor y vivir creativamente.

Nada más justificado que la preocupación por mejorar los métodos de enseñanza, pues hoy día urge como nunca ofrecer a niños y jóvenes una formación de alta calidad. A través de los medios de comunicación reciben éstos diariamente mil impresiones e ideas diversas que, en principio, constituyen una inmensa riqueza, pero pueden ser causa de desorientación para quienes no puedan discernir qué es lo que deben asumir y qué les conviene rechazar.

 16.-  El liderazgo escolar: Valor formativo de las diversas áreas

 Importancia pedagógica de los conceptos de relación, orden y estructura

Lo decisivo en la formación de niños y jóvenes es abrir su ánimo al asombro que producen los conceptos de relación y de encuentro. Si cada una de las áreas contribuyen por sí mismas a suscitar tal asombro, prestarán un servicio decisivo a la tarea educativa. Veamos de qué modo tan radical y eficaz pueden colaborar cinco áreas con la asignatura de Ética a poner las bases de una sólida formación humana.

 Un profesor de Matemáticas no ha de enseñar solamente a los alumnos a operar con las estructuras matemáticas: ecuaciones, fórmulas, operadores... Debe hacerles ver la fecundidad y la belleza que poseen tales estructuras, que son nudos de interrelaciones. Una fórmula, por ejemplo, es bella por ser armónica y lograr con parquedad de medios una gran expresividad, la capacidad sorprendente de explicar diversos fenómenos del mundo observable. El gran Kepler sintió una emoción desbordante al observar que con una pequeña fórmula podía prever el movimiento de los astros. Max Planck afirma que Kepler se mantuvo fiel a su investigación científica, pese a mil avatares, merced a su "fe profunda en la existencia de un plan definido detrás de la creación entera" . En la misma línea, Albert Einstein escribe:

"Es aquí -en este esfuerzo por unificar racionalmente la multiplicidad de elementos- donde la ciencia alcanza sus más grandes éxitos... Pero cualquiera que haya experimentado la intensa satisfacción que produce todo avance logrado en este campo siente una profunda reverencia por la racionalidad que se pone de manifiesto en todo lo que existe". "Aunque es cierto que los resultados científicos son enteramente independientes de cualquier tipo de consideraciones morales o religiosas, también es cierto que justamente aquellos hombres a quienes la ciencia debe sus logros más significativos fueron individuos impregnados de la convicción auténticamente religiosa de que este universo es algo perfecto y susceptible de ser conocido por medio del esfuerzo humano de comprensión racional".

Suele decirse que las Matemáticas son "frías y áridas". Si el alumno descubre la relación enigmática que existe entre las estructuras que configura la mente y las que constituyen el tejido interno de la realidad, tendrá la sensación de que, al ahondar en el conocimiento de las relaciones matemáticas, está tocando fondo en lo real. Una disciplina aparentemente tan poco emotiva como la Geometría inspiró a Juan de Herrera el opúsculo Elogio de la figura cúbica, que constituye, en buena medida, la base estética de la estructura del Real Monasterio de El Escorial. Al descubrir, guiados por el genial arquitecto, la belleza del cubo, generada por la trama de interrelaciones a que da lugar esa figura geométrica, aprendemos a ver tras la apariencia adusta de ese "desnudo arquitectónico" que es -según Unamuno- "El Escorial" un mundo cultural y religioso saturado de emoción .

Orientado así el curso de Ciencias Matemáticas, el alumno termina al final asombrado ante la importancia insospechada del concepto de "relación".

En la clase de Ciencias Físicas, el profesor ha de mostrar a los alumnos que la materia no es más que energía dotada de forma y estructura. En su último estrato, la realidad cósmica no está compuesta por trozos infinitamente pequeños de materia, sino por "energías estructuradas". Una estructura es un conjunto de interrelaciones. Los conceptos de relación y estructura adquieren de día en día un rango mayor en el pensamiento científico, que tiene un medio propio de expresión en el lenguaje matemático, el lenguaje de las relaciones y las estructuras.

Al final del curso, el alumno se pregunta, admirado, qué tipo de energía extraña late en las interrelaciones para ser capaces de dar lugar a la portentosa estructura del universo. "Dadme un mundo -un mundo con relaciones- y crearé materia y movimiento", escribió el gran físico inglés A. S. Eddington.

El profesor de Ciencias de la Naturaleza muestra a los alumnos una roca sedimentada y les pide que la "lean" y descifren su "sentido". Con ello, les insta a que ejerciten las tres dimensiones básicas de una inteligencia madura: largo alcance (ver más allá de las apariencias), comprensión (poner en relación diversas realidades al mismo tiempo), profundidad (buscar el sentido de los fenómenos). Para explicar cómo se llegó al estado actual de dicha roca, el alumno debe imaginarse que diversas realidades y acontecimientos de la naturaleza (agua, viento, erosión de las rocas, fuego interior de la tierra...) entran en relación durante millones de años y dan lugar a multitud de cambios.

Al explicar la polinización de las plantas, el "ciclo del agua", los microclimas de los bosques y otros temas afines, el profesor incrementa incesantemente la admiración del alumno ante el concepto de relación.

El profesor de Historia del Arte destaca que, en la antigua Grecia, el orden es visto como la fuente de la armonía (que está integrada por la proporción y la medida o mesura), y ésta da lugar a las diferentes categorías estéticas: simetría, repetición, unidad en la variedad, integridad de partes... La armonía, vista de esta forma, es fuente de belleza y de bondad en todos los órdenes de la vida: el artístico -y, más en general, el estético-, el ético, el urbanístico... Subes a la Acrópolis y admiras la belleza majestuosa del Partenón. Cuál no será tu asombro cuando sepas que esa cualidad admirable se debe a la armonía del conjunto, es decir, al hecho de que las dimensiones de cada parte fueron determinadas unas en relación a las otras ("proporción") y todas en relación a la figura del hombre que las contempla ("medida"). Para tener la debida "medida" o "mesura", el edificio debe estar construido a escala humana; no ser ni demasiado grande ni demasiado pequeño respecto a la estatura del hombre. En cuanto a la "proporción", sirva de ejemplo que las columnas, por ser dóricas, deben medir de alto 16 veces el radio de la base, que es tomado como módulo. Algo semejante podemos decir de una escultura modélica como la Venus de Milo, cuyas partes están relacionadas entre sí conforme a la proporción de la "sección áurea".

De nuevo la importancia de la relación se graba a fuego en el espíritu del alumno.

El profesor de música debe subrayar que ésta comienza a existir cuando varios sonidos se relacionan entre sí. Doy varios golpes sobre la mesa. Si están desvinculados, no hay música. Si los relaciono entre sí, surge el ritmo, y con él tenemos la base del arte musical. Del ritmo procede la melodía, y de varias melodías superpuestas brota el encanto de la armonía. Todo el hechizo conmovedor de la música es reflejo de la relación.

Las diferentes áreas destacan, de una forma u otra, la importancia y valía de la relación. Ello impresiona al alumno. Pero conviene que éste saque el máximo provecho de tal asombro para su formación como persona. Eso sucederá si en el centro escolar se imparte una asignatura -titulada, por ejemplo, Ética o bien Formación humana- que explique el papel de la relación en el proceso de nuestro desarrollo personal. Cuando un alumno, tras descubrir lo que significa la relación en el universo, oiga decir al profesor que, según la investigación actual, el ideal del hombre consiste en fundar modos valiosos de unidad, exclamará sin duda alguna: "¡Naturalmente! ¡No podía ser de otra forma, pues eso es lo coherente con el modo de ser de todas las cosas!".

Por su afán natural de independencia, los jóvenes tienden a considerar las normas como preceptos que limitan desde fuera sus posibilidades de actuación libre. Sin embargo, al comprender la fecundidad de las relaciones, se percatan de que la vinculación a normas fecundas encauza su acción y la hace posible. Si aceptan ese cauce y lo asumen, lo convierten en algo íntimo, en fuente de libertad creativa.

 17.-  Un cambio decisivo en la enseñanza

 Si los profesores, además de informar sobre las materias propias de su área de conocimiento, destacan la importancia que juega en el universo la categoría de relación, ofrecen una forma de enseñanza genética, mediante la cual los alumnos descubren lo que es la vida humana por dentro y aprenden a ajustar su conducta a las exigencias de la misma. La primera tarea de la enseñanza consiste en adaptar la mentalidad de los alumnos a los diferentes modos de realidad que integran su "mundo" personal.

El ajuste del estilo de pensar, sentir y querer a las exigencias de las realidades que, más que objetos son "ámbitos", nos permite plantear con el debido rigor algunas de las cuestiones más acuciantes para los jóvenes. Entre ellas destacan las dos siguientes: 1) cómo superar el hechizo del mero erotismo y consagrarse gustosamente al ejercicio exigente del amor personal; 2) de qué forma prevenir eficazmente las adicciones patológicas -alcoholismo, drogadicción, violencia...-. Ayudar a los jóvenes a liberarse de estas formas de frenesí alienante constituye hoy día una actividad formativa de primer orden.

 

 

 

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