SEGUNDA PARTE: LA FORMACIÓN DE LÍDERES
SEGUNDA PARTE: LA FORMACIÓN DE LÍDERES.
Autor: D. Alfonso López Quintás
1.- El liderazgo propio de la familia y la escuela
La vida escolar
resulta verdaderamente formativa para el niño si le lleva, con la palabra y el
ejemplo, a descubrir el auténtico ideal
La familia es la primera institución que ha de
liderar la formación humana del niño. La vida familiar se va tejiendo de
ámbitos y tramas de ámbitos, dentro de las cuales el niño adquiere confianza en
el entorno y se prepara para relacionarse con lo distinto, distante, externo y
extraño sin miedo a alienarse, sino con la esperanza de tornarlo íntimo.
En el hogar,
todas las realidades son vividas como ámbitos. En primer lugar, las personas
allegadas y el hogar que forman; luego, el pueblo, el paisaje, las obras
culturales que se viven, las oraciones que se rezan, los proyectos que se
elaboran, por sencillos que sean; en tercer lugar, los utensilios, que no son
meros objetos sino fuentes de posibilidades para realizar las tareas
cotidianas...
La familiaridad
con los ámbitos y las experiencias reversibles de todo orden -sobre todo las de
encuentro interpersonal- preparan el ánimo del niño para abrirse a otras
realidades más difíciles de captar, por darse en un nivel de realidad no
asible, no perceptible con los sentidos. Pensemos en la verdad, la bondad, la
piedad, la justicia, la belleza, la libertad... El niño aprende en la familia a
utilizar términos que aluden a estas realidades: habla de un día bello, un
traje bonito, una acción buena, una persona cariñosa... Pero se verá en
perplejidad si alguien le pregunta qué significa, por ejemplo, la belleza, en
abstracto.
Ayudar al niño a
pasar de la experiencia espontánea de los ámbitos a la experiencia de cuanto
los mismos implican es la tarea propia de los centros escolares. Éstos deben
constituir para los niños un segundo hogar, en el que sientan la calidez del
acogimiento, la alegría del encuentro, la seguridad de la confianza en el
entorno y descubran la importancia decisiva que tales sentimientos encierran
para su vida.
El matemático
introduce al alumno en el conocimiento de las estructuras y fórmulas, y suscita
su asombro ante el poderío y la belleza de las mismas.
El físico le hace
ver que todo el universo, en lo infinitamente grande y lo infinitamente
pequeño, se compone de energías estructuradas, interrelacionadas.
La relación se
halla en la base del arte, y, desde la Grecia clásica hasta la Ilustración
europea del siglo XVIII, la Estética fue impulsada por el afán de investigar
las relaciones generadoras de belleza y expresarlas en lenguaje matemático.
Los profesores de
Ciencias explican que el método de conocimiento científico es un camino abierto
por el hombre para descubrir un aspecto de la realidad física, el aspecto
cuantificable, expresable en lenguaje matemático. Precisamente por haber
acotado un objeto de conocimiento muy preciso, el método científico ha obtenido
éxitos insospechados, pero esto no nos autoriza a considerarlo como la única
vía para conocer la realidad. Existen otros métodos o caminos para acceder a
otras tantas vertientes de la realidad que no pueden ser sometidas a cálculo y
medida, por ejemplo el valor ético de una acción, la belleza de una obra
artística...
El profesor de
Historia debe subrayar el influjo que han ejercido en todo tiempo sobre la
configuración de la personalidad humana la situación económica, los vaivenes
políticos, los conflictos bélicos..., pero no ha de olvidar que la persona
humana puede alzarse sobre esas circunstancias y modelar su vida interior con
soberanía de espíritu. De modo semejante, debe destacar el valor
incondicionado, absoluto, de la persona cuando analice su inserción en un
pueblo y una raza. Que la raza y el pueblo tengan mayor amplitud que cada una
de las personas no indica que puedan imponerse a éstas y considerarlas como
meros medios para el logro de sus fines. La persona no es un caso de los
universales hombre, raza, pueblo. Está subordinada a ellos en muchos aspectos,
pero ostenta un valor absoluto que la convierte en un fin. El profesor que
ejerce función de líder procura guardar el debido equilibrio en la explicación
de estos conceptos. De lo contrario, no formará a los jóvenes para la paz y la
tolerancia.
El alumno que, a
través de las distintas áreas, va descubriendo la importancia de la relación y
de las diversas interrelaciones se ve sobrecogido al sentir que toca fondo en
la realidad. Cuando el profesor de ética le haga ver que el hombre es "un
ser de encuentro", que vive como persona, se desarrolla y madura como tal
creando toda suerte de encuentros -que son modos elevados de relación-,
advertirá, asombrado, que el hombre se halla en la línea de todo el universo
pero con una inmensa diferencia: Los seres inferiores al hombre viven en
relación y, por eso, tienen una realidad consistente y perdurable, pero no lo
saben ni lo quieren. Sólo el hombre es consciente de ello y de que la unidad
con los demás seres no le viene dada del todo sino que en buena medida debe él
crearla. En ello consiste su gran privilegio y su máximo riesgo.
b.-
Urdimbres que constituyen la trama de la vida humana
Para que el
alumno se haga cargo de que la principal tarea de su vida consiste en crear
relaciones, la escuela debe ayudarle a captar las diferentes tramas o
"urdimbres" que van constituyendo su ámbito personal y que él en
buena medida debe colaborar a fundar a fin de cobrar confianza en el entorno y
crecer como persona. Entre ellas destacan las siguientes:
- La urdimbre formada por los padres -al fundar
una familia por amor- y el niño al que llaman a la existencia. Los seres
humanos venimos del amor que crea un lugar de encuentro estable -el hogar- y de
una llamada amorosa.
- La urdimbre que se crea entre los familiares
y el niño ya nacido. Es la "urdimbre afectiva y tutelar" (J. Rof
Carballo) que constituye la base del desarrollo personal del ser humano.
Empezamos a vivir como personas al sentirnos acogidos y amados. La necesidad
natural de verse rodeado de afecto otorga al niño el derecho a tener padres
vinculados en un auténtico hogar, entendido -al modo latino- como
"focus", "lugar donde arde el fuego del amor".
- La urdimbre que van formando los distintos
modos de realidad -el biológico, el fisiológico, el psíquico, el espiritual...-
que integran el ser del niño cuando éste los aúna para conseguir la meta de la
vida, el ideal que le da sentido. El ideal otorga al ser humano el impulso
necesario para ensamblar todas sus energías en la realización de una misma tarea:
vivir plenamente la vida personal. La capacidad de poner todas las fuerzas del
propio ser al servicio de un ideal elevado define la auténtica libertad, la
libertad interior o libertad creativa.
- La urdimbre creada por el yo, así integrado,
al vincularse al mundo de las ideas, los valores, los ideales, las obras
culturales, los pueblos, las instituciones... Esta urdimbre da lugar a la vida
ética, estética, cultural...
- La urdimbre formada entre el Creador y la
criatura cuando ésta responde positivamente a la oferta de amor que Aquél le
hace al llamarla a la existencia y cultiva la experiencia religiosa como una
forma de religación radical.
Estas urdimbres y
la vinculación entre ellas debe el ser humano crearlas a lo largo de la vida,
y, al hacerlo, descubre por sí mismo las posibilidades inmensas que alberga su
existencia cuando establece las debidas relaciones con el entorno. Ese
descubrimiento le inspira un profundo respeto a su propia persona y cuanto ella
implica. Tal actitud de asombro ante su misma realidad personal, por sencilla y
menesterosa que le parezca en principio, lo dotará constantemente de la energía
espiritual necesaria para vivir de forma creativa, asumiendo activamente las
posibilidades que le ofrecen las diversas realidades que forman su habitat
físico y espiritual: los padres y familiares, la vida escolar, el pueblo, la
tradición cultural, las creencias religiosas...
Al disponer de
tal formación, el niño y el joven ganan un poder de discernimiento suficiente
para neutralizar el posible efecto negativo que ejercen sobre su ánimo las
"escuelas paralelas": "la calle", los medios de
comunicación, las amistades... De ellas reciben a menudo multitud de ideas y
orientaciones banales e incluso destructivas, en las que no pueden encontrar un
modelo de vida coherente y lleno de sentido. Al no captar el sentido de cuanto
se oye y ve, se siente uno perdido intelectualmente y acaba pensando que nada
vale la pena. Esta apatía se extiende incluso a lo que encierra un notable
valor y degenera fácilmente en indiferencia.
La escuela tiene
aquí una tarea decisiva: ayudar a niños y jóvenes a distinguir lo noble y lo
ruin, lo esencial y lo secundario, lo valioso y lo deleznable. Ese poder de
discernimiento les permitirá modelar su vida desde su centro, desde la
necesidad básica que tienen de crear formas elevadas de unidad con las
realidades del entorno. La experiencia nos confirma a diario que los alumnos
estiman y agradecen profundamente todo método de enseñanza que les abra los
ojos al ofrecerles claves de orientación.
Dado que la
persona adquiere sentido al crear ámbitos con otras realidades ambitales y, a
la vez, les otorga sentido a ellas, se desarrolla en medida directamente
proporcional a la importancia del mismo. Este desarrollo personal es el objeto
de estudio de la ética como disciplina. A esta luz se comprenden perfectamente
las siguientes afirmaciones: “Como el encuentro es el lugar privilegiado de la
experiencia metafísica, así también es el lugar privilegiado de la experiencia
ética”. En efecto, los valores éticos, asumidos por la persona y convertidos
así en virtudes, hacen posible crear las diversas formas de encuentro, que
constituyen la trama dinámica de la vida personal.
La teoría de los
ámbitos nos permite comprender a fondo y de cerca la actividad creativa de los
seres humanos, que no sólo crean formas de unión elevadas con otras personas
sino también con realidades infrapersonales que les ofrecen diversas
posibilidades creativas. Los poetas de todos los tiempos lo han intuido y
expresado bellamente. Es hora de exponer tal intuición de forma filosófica
aquilatada. Ello permitirá analizar las cuestiones éticas de modo más preciso y
penetrante.
- Ante una persona, no debemos desear dominarla
para disponer de ella, sino colaborar con ella a fin de enriquecer su vida.
Entonces respetaremos su condición de ámbito y la estimaremos y valoraremos
debidamente. La renuncia a movernos en el plano de la posesión y el dominio nos
da el ciento por uno: nos sitúa en el centro dinámico de la vida personal, que
es el encuentro.
- Este cambio de mentalidad -cambio de la
actitud objetivista, dominadora de objetos, por la actitud ambital-relacional,
que concede suma importancia a la creación de ámbitos mediante la relación de
encuentro. Así, el cometido de los centros escolares es "educar en valores
y creatividad". Tal educación no se reduce a "enseñar" valores y
"describir" lo que implica la actividad creativa. Supone una labor
mucho más radical y provechosa: "descubrir" en qué consisten la
creatividad y los valores.
- La tendencia a politizar todas las vertientes
de nuestra existencia suele llevarnos a plantear las grandes cuestiones de la
vida de forma no realista sino "ideológica", sometida a los rígidos
dictados de una concepción partidista de la vida. Urge que nos unamos en el
estudio imparcial de cuanto afirma sobre la realidad personal la investigación
actual más cualificada en Biología, Antropología filosófica, Ética, Teoría de
la creatividad y otras disciplinas afines.
Bien conocido y
asumido el ideal auténtico de la vida, tiene uno energía interior suficiente
para encauzar la existencia de modo recto y evitar toda suerte de corrupción.
La corrupción procede siempre de la actitud egoísta de quien no atiende al bien
de la comunidad sino a sus intereses particulares. El egoísmo arrastra a los
distintos modos de vértigo, y éste anula la vida de comunidad. No basta delatar
las distintas formas de corrupción. Debemos mostrar de forma convincente que el
único modo de libertad que nos reporta felicidad auténtica es el que consiste
en elegir, no lo que más nos agrada, sino lo que mejor nos conduce a la
realización del ideal, que es fundar modos valiosos de unidad con las
realidades circundantes. Esta es la gran tarea que la escuela ha de realizar
día a día a través de todas las actividades que realiza, desde la educación
física hasta las matemáticas, pasando por las artes, la historia, la
filosofía...
Toda conducta
degenerativa responde a un descentramiento interior, y éste se debe al olvido
de que la vida humana -como acabamos de ver- no tiene sólo un centro -el yo
aislado, desvinculado de las realidades que le ofrecen posibilidades de vida
creativa-, sino dos -el yo y todo cuanto en su entorno enriquece su vida
mediante el aporte de posibilidades, desde las alimentarias hasta las culturales
y religiosas-. La tarea de renovar éticamente la sociedad debe abordarse en la
raíz de la vida auténtica del hombre, y esta raíz es su condición de ser
ambital abierto al encuentro. He aquí el canon que ha de guiar su conducta en
esta sociedad que habla de globalización pero se halla atomizada al máximo, ha
eliminado las distancias físicas pero no ha unificado sus criterios de vida,
antes ha diversificado arbitrariamente los modos de interpretar el mundo y la
existencia humana. ¿Cómo conseguirán los niños y jóvenes hallar, en esta
"cultura de la complejidad y el desconcierto", un criterio firme para
escoger como meta de la vida un ideal que responda a su más genuino modo de ser
como persona?
Esta es la
pregunta clave de la formación escolar en la actualidad, si queremos que la
escuela no sólo imparta conocimientos y saberes sino que forme personas que
puedan configurar una sociedad abierta y valiosa en el aspecto humanista. Si
los jóvenes se ven a sí mismos como teselas (partes) que constituyen un mosaico
cuyo sentido no aciertan a descubrir, quedarán sumidos en un inquietante vacío
intelectual, que se traduce inmediatamente en un vacío moral o existencial. El
psicólogo vienés Viktor Frankl dedicó su vida a mostrar que este vacío es la
causa primordial de multitud de desarreglos psíquicos que angustian al hombre
contemporáneo.
La gran tarea de
la escuela no consiste sólo en facilitar conocimientos a niños y jóvenes -con
vistas a la productividad y competitividad- sino en ayudarles a unirse
activamente a las realidades que les permiten ensamblar armónicamente todas sus
energías y actividades. Entre tales realidades se destaca el "ideal de la
vida", el valor que desempeña la función de "clave de bóveda"
del edificio de la personalidad. Como sabemos, el "ideal" no es una
mera idea; es una idea motriz que da impulso a la propia vida. Si el ideal es
auténtico, le otorga además sentido. Por eso el ideal de la unidad constituye
el referente por excelencia que tiene el niño para orientar debidamente su
vida.
6.- La formación de líderes es ineludible
Es decisivo
ofrecer a los jóvenes mejor dotados las posibilidades que requieren para sacar
pleno partido a sus excelentes dotes.
La concepción del
líder que propongo quiere superar la dicotomía "teoría-práctica". Sin
la capacidad de dar claves de orientación lúcidas, nuestra actividad corre
peligro de reducirse a vana agitación. Consiguientemente, el que dedica tiempo
y esfuerzo a prepararse para ser líder y formar otros líderes contribuye de
modo eminente a mejorar la suerte de las personas menesterosas en cualquier
aspecto de la vida.
Si sabemos
plantear los temas con el debido rigor, daremos razón de mil fenómenos de la vida
actual y tomaremos medidas acertadas para mejorar la situación. Sirva de
ejemplo la cuestión siguiente. Es sabido que en los últimos tiempos se ha ido
reduciendo el valor de la vida humana en diversas vertientes. ¿Qué influencia
ejerce tal reduccionismo en la conducta de las personas actuales, por ejemplo
en el cultivo creciente de la violencia? Un conocido periodista radiofónico
comentó un día con alarma el incremento actual de la violencia, sobre todo en
el deporte. Y añadió que "no se entiende este fenómeno pues estamos ante
una pura irracionalidad". Si por irracionalidad entendemos que no se puede
justificar tal violencia con razones válidas, se trata efectivamente de una
práctica irracional. Pero la tendencia actual a ponerla en juego de forma
profusa tiene unas causas que pueden y deben ser clarificadas de modo preciso,
plenamente racional. A mi ver, el ejercicio de la violencia se da en medida
directamente proporcional al cultivo de las experiencias de vértigo o
fascinación. Y estas experiencias pueden ser analizadas de modo pormenorizado
en su articulación interna. Para ello debemos ahondar en las cuestiones, no
limitarnos a describirlas superficialmente. La superficialidad, cuando se
aplica a cuestiones básicas, produce verdaderas devastaciones en la vida
social.
- No se forma a los jóvenes para ser padres y
educadores. A menudo, el diálogo entre hijos y padres se colapsa o se torna
áspero porque los padres no saben abordar las cuestiones de modo adecuado y
recurren al puro argumento de autoridad. No están preparados para ser líderes.
- No se prepara a los profesores para ser
"tutores", formadores de la personalidad de los alumnos. Se confía a
algunos docentes esa tarea, pero no se indica qué implica exactamente ésta y
cómo ha de realizarse. Con ello, los centros escolares -incluso los que se
rigen por un ideario inspirado en el deseo de impartir una formación integral-
ven su labor reducida a las tareas "informativas", pues deben confesar
que la labor estrictamente "formativa" los desborda porque "no
saben qué hacer con la juventud actual".
- No se ofrece a los futuros gobernantes y
legisladores la posibilidad de prepararse a fondo para desempeñar con
excelencia su posición de líderes sociales. Una persona dirigente debe
adelantarse a los sucesos y decidir la forma de configuración que ha de tener
la sociedad para hacer viable el desarrollo cabal de las personas que la
constituyen.
Por el bien de la
sociedad y de las personas urge realizar una labor sistemática de formación de
toda clase de líderes: líderes de opinión, de organización y gestión, de
legislación, de configuración de la vida familiar y social, de transmisión de
saberes, de defensa y transmisión de los grandes valores... Los líderes bien
preparados y motivados constituyen en los pueblos una levadura de valor
incalculable, pues dan libertad interior a las gentes frente a la manipulación,
facilitan claves para orientarse debidamente en la existencia, ayudan a
configurar la vida social de manera fecunda... Esta labor configuradora evita
que las diferentes comunidades se conviertan en masas, montones amorfos de
meros individuos, y sean fácilmente dominables por los afanosos de poder. Ya
sabemos que dos personas avezadas a la manipulación demagógica pueden dominar
fácilmente a dos mil personas poco habituadas a la confrontación de ideas y
tácticas de dominio.
Para formar a un
líder debidamente, hemos de ayudarle a descubrir por experiencia propia las
exigencias del pensamiento riguroso y las posibilidades creativas que alberga
su ser.
Ser creativos
significa ser capaces de asumir activamente las posibilidades que nos ofrecen
las realidades circundantes en orden a dar lugar a algo nuevo lleno de sentido.
Esa forma de acoger posibilidades de acción fecunda supone un modo de unidad
estrecha con unas realidades que son distintas de nosotros y, en principio,
distantes, externas, extrañas, ajenas.
La forma más
eficaz de descubrir por nosotros mismos esa relación de pensamiento riguroso y
vida creativa es seguir paso a paso de modo penetrante nuestro proceso de
crecimiento personal. Ese seguimiento se realiza -como vimos en la primera
parte- a través de doce descubrimientos, mutuamente articulados, que nos
revelan lo que es el encuentro y nos permiten vivirlo como una fuente de luz. A
medida que vivimos el encuentro personal y sus frutos, y percibimos con
creciente claridad que nuestro destino como personas depende del ideal hacia el
que orientamos nuestra existencia, nos hacemos cargo de que la mejor manera de
formarnos como líderes es descubrir por nosotros mismos el ideal auténtico y
aprender a orientar desde él toda la vida.
El conocimiento
filosófico se ocupa de indagar las causas profundas de los fenómenos, el
trasfondo de las actitudes espirituales de personas y pueblos. En el momento
presente de desconcierto intelectual y moral, un líder no puede realizar una
labor sólida y fecunda si no sabe delatar las causas de los problemas más
graves de la sociedad.
Te preocupa la
drogadicción y quieres liberar a los jóvenes de esa plaga. Es muy loable tu
propósito. Pero ¿sabes cómo enfocar tu actividad para que tu esfuerzo sea
eficaz? Todo tipo de adicción constituye un proceso de vértigo. Necesitas una
lúcida teoría del vértigo o fascinación, a fin de revelar tempranamente a niños
y jóvenes a qué se exponen cuando inician un proceso de este género. Toda
actividad de verdadera prevención se basa en un conocimiento hondo de lo que
son e implican las diferentes adicciones patológicas.
Pero no basta
dicho conocimiento. Debemos ayudar a los jóvenes a realizar las experiencias
que les permitan descubrir la grandeza de la vida humana, su poder creativo, su
capacidad de generar felicidad con medios sencillos. Entonces podrán distinguir
el proceso de vértigo -que agosta nuestra vida al recluirla en su afán de
excitaciones gratificantes- y el proceso de éxtasis, que funda el encuentro,
asume los valores más altos y nos orienta hacia el auténtico ideal de la vida.
Estás ante un
niño que suele mentir. ¿Qué haces para orientarlo hacia una conducta veraz?
¿Afear su proceder, indicarle que no es de fiar y anular, así, su autoestima?
Con ello no conseguirás que crezca un palmo espiritualmente. Descúbrele la
grandeza de la veracidad y la sinceridad, su eficacia, sus espléndidos frutos,
y el valor de esas virtudes le animará a cambiar su comportamiento al abrirle
un horizonte entusiasmante.
Un joven te
confiesa su tendencia a cultivar formas de relación meramente pasionales. ¿Te
contentas con decirle que esa conducta no es digna de una persona, porque
rebaja de nivel de realidad a quien la adopta? No harás con ello sino
deprimirlo espiritualmente. No le darás impulso para cambiar. Ayúdale a ver
que, frente a una realidad que le atrae, puede adoptar dos actitudes:
1. Dominar esa
realidad y convertirla en fuente de gratificaciones sensibles y psicológicas
para sí mismo. Al adoptar tal actitud, reduce esa realidad -por ejemplo, una
persona atractiva- a condición de "medio para los propios fines", y
no la trata como persona sino como objeto, con lo cual anula la posibilidad de
encontrarse con ella.
2. Respetar esa
realidad, tratarla como lo que es -como una persona- y crear con ella una
relación de encuentro. Esta relación exige mucho -ser generoso, fiel, veraz,
cordial...-, pero lo da todo: nos llena de energía, de gozo y entusiasmo, de
plenitud y felicidad, de paz y amparo interiores.
Al ponerle ante
la vista estas dos posibilidades -dominar y no encontrarse, respetar y crear un
encuentro fecundo-, verás que el joven queda orientado, y con su talento
personal sabrá captar la excelencia de la segunda actitud. Así, cuando se deje
arrastrar por el afán de obtener ganancias inmediatas de tipo erótico, una voz
interior le hará ver que está renunciando a la tarea más noble de la vida:
crear formas elevadas de unidad con las demás personas. Ser capaz de captar la
verdad que proclama esta voz íntima significa estar formado. Otorgar esa
formación es la tarea propia del verdadero líder.
El cometido del
líder no es sólo comunicar la verdad; es preparar a las gentes para que la
descubran por sí mismas, se entusiasmen con ella y la asuman como principio
impulsor de su vida.
9.- La función de líder es muy noble por ser ineludible
En la vida
podemos desempeñar el papel de líderes de formas distintas y con intensidades
diversas. Recordemos algunos tipos de líder, a fin de ir perfilando este
concepto.
# Estás viendo la
televisión en familia y haces, de pasada, un comentario acertado sobre un
pasaje de una película o sobre una cuestión tratada en un debate. Has ejercido
una función de líder respecto a los demás.
# Vas en un
vehículo y dices una idea lúcida en la conversación que has iniciado con un
compañero de viaje. Has actuado como líder en bien del prójimo.
# Si eres
profesor y te esfuerzas en adquirir claves de interpretación de las grandes
cuestiones de la vida humana, tendrás múltiples ocasiones de orientar a niños y
jóvenes y abrirles horizontes de creatividad. Puedes carecer de todo poder
directivo en tu centro escolar, no dar nunca una conferencia ni participar en
un debate radiofónico o televisivo. No importa. Estás ejerciendo un espléndido
papel de líder. Una indicación certera puede clarificar mil ideas confusas y
marcar a una persona la dirección acertada en su vida.
# Como padres de
familia, os veis a menudo en la obligación de indicar a vuestros hijos que no
han obrado bien y deben actuar de otra forma. Si, al hacerlo, conseguís que
descubran por sí mismos que no sois vosotros quienes les amonestáis sino su
misma realidad personal, os habréis convertido para ellos en auténticos guías o
líderes.
# Te das cuenta
de que vives sin rumbo y decides elaborar un proyecto de vida conforme a un
ideal valioso y realizarlo esforzadamente día a día. Has actuado como líder o
guía de ti mismo.
b.- El líder, en función de dirigente. Un profesor, un sacerdote, un empresario, un político, un periodista,
un escritor... son auténticos líderes si movilizan las amplias posibilidades de
que disponen para orientar debidamente la opinión pública y configurar
rectamente la sociedad. Estos líderes han de salir de las filas de quienes
tienen conciencia de que, por ser miembros de una comunidad, deben ejercer el
noble papel de guías.
c.- El líder, como roturador de
nuevos caminos. En momentos cruciales, en los que la sociedad pierde el
norte y se halla bloqueada por la confusión intelectual y el desánimo, se
requieren personas animosas que realicen un esfuerzo especial, den un paso
adelante, aceleren su proceso de formación y señalen a los demás la ruta
adecuada para salir de la crisis. Tal forma de liderazgo exige la capacidad de
arriesgarse a tomar iniciativas y decidirse -cuando sea ineludible- a realizar
innovaciones en diferentes aspectos de la vida: estructuras, modos de conducta,
estilos de pensar... Estos líderes ejercen una función decisiva en la sociedad
si cuentan con la debida madurez en el aspecto intelectual y espiritual y
proceden con desprendimiento.
# No raras veces,
líderes bien dotados se convierten en una maldición para su entorno -personas,
instituciones, pueblos...- debido al egoísmo y la altanería. En casos, los
líderes no sólo guían sino que ordenan y mandan. El poder de mandar implica
cierta soberanía, superioridad, señorío. Debido a su posición privilegiada,
tales líderes son considerados a menudo por las gentes como seres superiores,
capaces de decidir el destino ajeno. Esta exaltación orla la figura de los
líderes de un gran prestigio social y puede llevarles a embriagarse de poder y
tomarlo como la meta de su vida, olvidando que todo su poderío sólo tiene
sentido cuando es puesto al servicio del pueblo.
# Por el
contrario, existen líderes que convierten el liderazgo en una fuente de riqueza
para los demás. A este grupo de líderes consagraré la atención, pues la
sociedad actual necesita, más que nunca, personas que funden vida de comunidad
-creando generosamente vínculos, lazos de comprensión, solidaridad y entrega- y
lo hagan con pleno convencimiento del valor de esa tarea y sepan dar razón de
sus motivaciones.
El líder
auténtico es el fruto de un proceso formativo, en el cual una persona se hace
cargo de su responsabilidad como miembro de un conjunto social.
Auténtico líder
es la persona que se esfuerza en pensar con rigor, sin frivolidad, y vivir
creativamente, con libertad interior suficiente para no recluirse egoístamente
en sí mismo y abrirse a todo lo que se presenta como algo valioso que pide ser
realizado en la vida.
Si el líder está
dotado de "carisma" -poder extraordinario de persuasión y atracción-,
dispone de una facilidad especial para transmitir doctrinas y entusiasmar con
ellas a las gentes. Pero no debemos reducir el líder a una persona carismática
que arrastra multitudes. La labor del líder puede ser muy sencilla, nada
deslumbrante, y presentar, sin embargo, una gran eficiencia. Es conveniente
"desmitificar" la idea de líder, es decir, entenderla de modo sobrio
y sereno, atendiendo más a la eficacia y trascendencia de la acción realizada
que a la espectacularidad del modo de actuar. El poder de convicción del buen
líder radica, sobre todo, en la decisión y energía que muestra al saberse en el
camino recto, el que conduce al ideal auténtico de la vida humana. Su fuerza de
persuasión procede de este ideal más que de sus condiciones personales.
1. Hay signos
claros de decadencia moral: ansia desmesurada de bienes; tendencia a cultivar
diversas formas de violencia; deseo patológico de notoriedad; propensión a
desgajar el ejercicio del sexo y la creación de formas personales de unión
amorosa; inestabilidad alarmante de la vida familiar, con las consiguientes
repercusiones en la vida de los niños y los adolescentes.
2. Apenas se
consagra tiempo a investigar las causas de este deterioro moral. Con
frecuencia, los modeladores de la opinión pública -periodistas, escritores,
profesores, políticos...- se limitan a indicar que se trata de "un signo
de los tiempos", determinado por los cambios sociales propios de una vida
democrática. Los grandes medios de comunicación social no sólo no contribuyen a
clarificar la situación y mejorarla sino que la agravan a veces notablemente,
pues su meta, de ordinario, no es ofrecer al pueblo productos de alta calidad
sino aumentar la audiencia a cualquier precio. Para ello movilizan los recursos
más eficaces de la manipulación con el fin soterrado de reducir las personas a
"clientes": lectores, oyentes, televidentes...
3. Los centros
educativos no disponen de métodos eficaces para detener la caída de la vida
cultural en el vacío y ayudar a niños y jóvenes a configurar formas auténticas
de pensamiento riguroso y vida creativa.
4.- A fin de
conseguir una convivencia pacífica entre personas y grupos sociales, se destaca
la necesidad de educar a niños y jóvenes en la tolerancia, pero se confunde a
menudo esta virtud con la mera permisividad. Esta falta de un pensamiento
penetrante, buscador de esencias, afanoso de adquirir una idea precisa de la
vida humana, hace vanos los esfuerzos por orientar a los jóvenes hacia modos de
comportamiento inspirados en el ideal de la unidad. Para ser permisivo y
tolerar todo tipo de opiniones y conductas, sólo hace falta desinteresarse del
bien de los demás. Si quiero ser auténticamente tolerante, debo estar dispuesto
a buscar la verdad en común incluso con quienes contradicen mis opiniones. Esta
actitud sólo es posible si se tiene un respeto profundo a todas las personas y
un amor incondicional a la verdad.
# Se pone interés
en erradicar la drogadicción, se toman ciertas medidas contra el tráfico de
estupefacientes y se presta ayuda psicológica y médica a quienes sufren las
consecuencias de una conducta desarreglada. Pero apenas se elaboran métodos
eficaces de prevención. Se organiza algún que otro festival para recabar fondos
destinados a la rehabilitación de los drogadictos, pero se difunde en la
sociedad una actitud hedonista y se amengua la sensibilidad para los valores
más elevados. Con ello se fomenta la entrega de los jóvenes a la drogadicción,
pues bien sabemos que todo proceso de fascinación o vértigo -como es dicha
entrega- arranca de una actitud de egoísmo, cuya meta es acumular a cualquier
precio sensaciones gratificantes. El egoísmo nos mueve a dominar y poseer toda
suerte de realidades atractivas para aumentar el cúmulo de sensaciones
placenteras. Esta actitud vamos a denominarla "nivel 1" de conducta.
Lo que contribuye
a aferrarnos a este "nivel 1" colabora a lanzarnos por la pendiente del
vértigo o fascinación. La forma vulgar de expresarse y conducirse quienes
participan en ciertos programas televisivos; la exaltación de los instintos; la
confusión de libertad y libertinaje; la reducción del amor personal a mera
pasión... son modos de comportarse centrados en el propio yo y nos instan, por
tanto, a movernos en dicho nivel; nos quitan ánimo para elevarnos al
"nivel 2", caracterizado por una actitud de respeto a las diferentes
realidades y por la inclinación a crear con ellas relaciones de verdadero
encuentro.
Suele decirse que
toda opinión es digna de respeto. Esto es cierto en el nivel 1. Nadie debe ser
abochornado porque su timbre de voz sea poco agradable o porque se exprese
lentamente. Las condiciones físicas o psíquicas de una persona han de ser
respetadas, pues pertenecen a su acervo de cualidades naturales. Pero todo es
distinto en el nivel 2, pues aquí estamos ante cualidades adquiridas, fruto de
un esfuerzo creativo. Para manifestarme en un foro prestigioso -cátedra, medio
de comunicación, parlamento...- debo contar con una preparación adecuada.
Debemos exigir
que se nos conceda desde fuera una libertad de expresión sin restricciones -en
los centros académicos, en los medios de comunicación, en el parlamento...-.
Pero tal libertad no la podemos ejercitar de modo ab-soluto, desligado de toda
condición. La condición es que sea una libertad creativa, fecunda para la sociedad.
Parece una
decisión muy "democrática", "liberal" y "abierta"
permitir a todas las personas expresarse en público acerca de cualquier tema,
por delicado que sea, con el pretexto de que "toda opinión es digna de
respeto" y cualquier idea puede defenderse si se hace civilizadamente. En
el nivel 1 esto es incuestionable, pues todos los seres humanos tenemos la
misma naturaleza y somos, en principio, sujetos de los mismos derechos. Pero en
el nivel 2 no están en juego los derechos básicos sino los que adquirimos a lo
largo de la vida merced a las capacidades que nos procuramos con esfuerzo.
En el nivel 1 se
da el analfabetismo de primer grado, que nos impide captar los mensajes
escritos y nos sume en un estado de desvalimiento espiritual. En el nivel 2
podemos padecer el analfabetismo de segundo grado, es decir, la incapacidad de
descubrir el sentido profundo de lo leído. Este tipo de analfabetismo lo
padecemos todos en alguna medida, y debe ser propósito diario amenguarlo cuanto
podamos.
En momentos
cruciales, cuando las crisis culturales ponen a los pueblos en riesgo de perder
la auténtica vía de desarrollo espiritual, es ineludible disponer de personas
que pongan la vida a la carta de superar todo lo posible este tipo de
analfabetismo y ayudar a los demás a clarificar debidamente las bases de la
existencia. El analfabeto de segundo grado no dispone de claves de orientación
certeras: es incapaz de prever lo que sucede cuando uno inicia ciertos
procesos, y, en consecuencia, no puede orientar debidamente su vida y guiar a
otros. No está preparado para ser un auténtico "líder".
La
superficialidad en el tratamiento de los problemas básicos de la vida causa
estragos en la vida personal y social cuando supera ciertos límites. Pondérese
el desconcierto que se produce en las gentes cuando se cometen los siguientes
errores:
# Se clama contra
el alcoholismo, la violencia, la ambición de poder y dominio..., y, a la vez,
se insta a las personas a cerrarse en sí egoístamente y no abrirse
generosamente a los demás. Este bloqueo personal provoca todo género de
adicciones patológicas.
# Se glorían
algunos gobernantes de haber devuelto al pueblo las libertades, pero no indican
de qué libertades se trata. Si son libertades para entregarse al vértigo, no
tienen motivo para vanagloriarse sino para preocuparse, ya que el proceso de
vértigo empieza exaltando y al final destruye.
# Se exaltan los
procesos de vértigo mediante el recurso manipulador de confundirlos con los
procesos de éxtasis, que nos elevan a lo mejor de nosotros mismos..
# Personas
influyentes en la opinión pública se declaran "pacifistas", pero su
tendencia a reducir el valor de la vida humana amengua nuestra capacidad
creadora -creadora sobre todo de formas de encuentro-. Con ello, muy a su pesar
tal vez, siembran la discordia y el conflicto. Los mayores peligros proceden en
la sociedad actual del error de considerar como un progreso el rebajar la
calidad ética del hombre y tomar el permisivismo anárquico como signo de
magnanimidad liberal y tolerancia. Se olvida que el único progreso auténtico
acontece cuando personas y pueblos saben responder a la invitación de la
realidad a asumir activamente los grandes valores. El hombre responsable se
halla en el buen camino porque se atiene a las exigencias de la realidad, tal
como ésta se nos muestra en su plenitud de implicaciones, es decir, en su
verdad plena.
# A menudo se da
por supuesto que conseguimos la felicidad plena entregándonos a todo tipo de
gratificaciones. Quienes desean someter la realidad a sus deseos en vez de
atenerse a ella no suelen molestarse en demostrar nada; consideran
expeditivamente como incuestionable lo que favorece sus intereses. Así,
confunden felicidad con saciedad de los instintos, vértigo con éxtasis, euforia
con entusiasmo. Debido a ello, tienden a escindir el ejercicio del sexo y el
cultivo del amor personal.
# Veo una caja
que me entorpece el paso y la retiro sin contemplaciones. Es una experiencia
lineal; va de mí a la caja, y en ella termina mi acción.
# En un plano
superior, advierto que una persona me pone dificultades para llevar a cabo una
actividad. Si tiendo a considerar los seres que me rodean como objetos, tomo a
esa persona como "un obstáculo en el camino" y procuro neutralizar su
influjo, aunque sea de modo contundente, de modo semejante a como hice con la caja.
Esta relación meramente lineal es injusta pues rebajo de rango a dicha persona.
# En un plano
todavía más alto, intento ser libre y tropiezo con una norma que somete mi
acción a cierto cauce. Me veo obligado a
acatar esa norma. Al estar acostumbrado
-en el nivel 1- a verlo todo como algo distinto, externo y extraño a mí, corro
riesgo de dar por hecho que las normas no puedo interiorizarlas y hacerlas
íntimas. Someterme a ellas significaría cercenar mi libertad. Deseo, por ello,
liberarme de cuanto me coarta y tiendo a desligarme de cuantas realidades o
preceptos me impidan elegir en cada momento lo que me apetece.
Para superar este
peligro, debemos advertir que en el nivel 2 tratamos con realidades que, por no
ser objetos sino ámbitos y ofrecernos diversas posibilidades de acción, pueden
colaborar con nosotros a vivir experiencias "reversibles"
-bidireccionales- que nos enriquecen como personas. Vincularse u ob-ligarse a
este tipo de realidades no significa someterse, sino entrar en relación con una
fuente de posibilidades para nosotros. Es una vinculación nutricia, sumamente
positiva para la persona obligada. Si quiero interpretar bien una obra musical,
debo ser fiel a la partitura, que constituye el cauce indispensable de mi
actividad. Pero esa fidelidad no ha de entenderse como sometimiento sino como
participación en una fuente de expresividad. Este género de participación
constituye mi libertad creativa. Por eso soy tanto más libre interiormente
cuanto más fiel. Aquí, libertad no significa franquía para optar por una
posibilidad u otra, sino capacidad de crear nuevamente una obra artística. Soy
libre en cuanto asumo activamente las posibilidades expresivas que me ofrece la
partitura. La capacidad de asumir activamente tales posibilidades es la base de
mi poder creativo. Libertad auténtica y creatividad van siempre unidas. Se
trata de la "libertad creativa". En ella se une fecundamente el
sentirme libre y el verme vinculado a normas, cauces y obligaciones. Tal unidad
no constituye un dilema sino un contraste.
Este
descubrimiento tiene un carácter relacional, se da en la relación activa entre
la realidad y nuestra mente. Sin nuestra capacidad de penetrar en la esencia de
los seres, la verdad de éstos no se alumbra; pero nosotros no somos, por ello,
los dueños de la verdad; no la creamos, contra lo que defiende la corriente
relativista, a cuyo juicio la verdad de cada ser depende del modo de pensar de
cada persona.
Vista de forma
relacional, colaboradora, humilde, la verdad de cada ser de nuestro entorno y
de nuestro propio ser -es decir, la patentización luminosa de lo que somos- se
convierte para nosotros en una fuente de conocimiento y de seguridad. De
conocimiento, porque penetramos en el núcleo de cada realidad y descubrimos lo
que podemos llegar a ser en el trato creativo con el entorno. De seguridad,
porque la verdad actúa como canon de nuestro pensar y actuar, y constituye una
instancia superior a la que deben atenerse todos los ciudadanos, los
gobernantes y los gobernados, los poderosos y los débiles. Si se interpreta la
verdad de forma subjetiva, como algo dependiente de cada sujeto, sólo podemos
obtener alguna forma de unidad de criterio mediante el consenso, que se logra
merced a los votos de la mayoría. El afanoso de poder destina todos sus
recursos a ganar el favor de los ciudadanos, y la persona particular queda en
buena medida desvalida frente al arbitrio de los más fuertes. De esta forma, el
relativismo subjetivista se vuelve contra buena parte de sus defensores.
Esta decisión a
favor de una vida exigente sólo podemos tenerla si contamos con una fuente de
energía que contrarreste nuestra gravitación hacia lo fácil y placentero. Esa
fuente de energía es el ideal de la unidad o del encuentro. Estamos en una
situación crucial, en la que debemos decidir si seguimos optando por el ideal
del dominio, la posesión y el disfrute o bien elegimos el ideal de la
solidaridad y el servicio.
Para configurar
este nuevo tipo de hombre, de sociedad y de época se requiere un cambio de
ideal. Esta decisiva labor no es fácil. Hemos de sobrevolar la situación,
descubrir las condiciones del desarrollo humano y persuadirnos de que debemos
tender hacia el ideal verdadero. Estas tres tareas no podrán realizarlas muchas
personas si alguien no da un paso adelante y les muestra la necesidad y la
forma óptima de hacerlo.
El que ofrece a
las demás personas, con decisión y claridad, un ideal que es auténtico porque
responde a su vocación más profunda enciende en su ánimo la voluntad de
asumirlo activamente -es decir, de forma creativa-. El entusiasmo no se
comunica tanto por el ardor con que se trasmite una doctrina cuanto por el
poder que ésta tiene de transformar la vida humana. Para dejar de manifiesto
ese poder transfigurador, todo líder auténtico se esfuerza en aclarar
debidamente el lenguaje y expresarse de modo transparente. Las palabras deben
ser el lugar donde se hace presente y se revela la realidad comunicada. El
líder ha de poseer el arte de comunicar. Ha de evitar la rutina y la
superficialidad e ir a lo hondo, ofrecer claves lúcidas de interpretación de la
vida, y hacerlo en lenguaje directo, no oscurecido por un estilo críptico,
pretenciosamente reservado a los iniciados.
Si queremos
renovar la vida de personas y pueblos, no debemos ocuparnos solamente de evitar
los fallos. Hemos de elevar el tono vital de los ciudadanos, ayudarles a
ascender a un plano superior de realización como personas. El Premio Nobel de
Medicina Alexis Carrel denunció hace años que "la sociedad moderna cometió
el error básico de desobedecer la ley del ascenso del espíritu" y "la
vida ha replicado de forma automática degradándose, degenerando". "Es
indudable -agrega- que la vida demanda del hombre algo más que sus potencias
intelectuales: el espíritu forma un todo indivisible; no nos está permitido
escoger en este todo la parte que nos gusta" . La sociedad moderna
"redujo arbitrariamente el espíritu a la inteligencia".
"Cultivó la
inteligencia porque ésta, gracias a la ciencia, nos da dominio sobre todas las
cosas. Pero ignoró las demás actividades del espíritu (...): el sentido moral,
el carácter, la audacia, el sentido de lo bello, el sentido de lo sacro".
"Los programas escolares no ponen a los niños suficientemente en contacto
con la belleza de las cosas y del arte".
Para colmar esta
laguna, se proclama hoy -incluso desde puestos gubernamentales- que la solución
consiste en consagrar la actividad escolar a enseñar valores, fomentar la
creatividad, conseguir que los profesores ejerzan también papel de tutores,
formadores, modeladores de la personalidad integral de los alumnos. Este afán
de conceder primacía a la formación sobre la mera información supone un paso
adelante en la tarea educativa, a condición de que aclaremos a fondo algunas
cuestiones fundamentales:
1. Los valores no
se "enseñan"; debemos "descubrirlos" al tiempo que vivimos
lúcidamente el proceso de nuestro desarrollo como personas.
2. Este proceso
sólo podemos seguirlo con suficiente lucidez si sabemos adoptar ante los
diversos modos de realidad la actitud que éstos reclaman. La actitud utilitarista,
dominadora y manipuladora -adecuada al trato con meros objetos o cosas, nivel
1- debe ceder el puesto a una actitud desprendida, respetuosa y colaboradora
-nivel 2- cuando se entra en relación con realidades que constituyen una fuente
de posibilidades y denominamos "ámbitos". Sólo esta voluntad
integradora de diversas actitudes -correspondientes a distintos modos de
realidad- nos dispone para realizar toda suerte de encuentros.
3. El profesor
que desee, como "tutor", ayudar a los jóvenes a vivir plenamente su
proceso formativo -que es una trama de diversos encuentros- ha de ajustar su
forma de pensar a las exigencias del encuentro: generosidad, veracidad,
fidelidad, cordialidad... Tal ajuste implica mucho más que incrementar los
conocimientos; requiere un giro en la actitud interior frente a la realidad,
sobre todo a la de las otras personas. Se trata, pues, de una
"metanoia", un cambio en el estilo de pensar y de vivir. Este giro
podemos realizarlo con decisión cuando aprendemos a pensar con rigor y vivir
creativamente.
Nada más
justificado que la preocupación por mejorar los métodos de enseñanza, pues hoy
día urge como nunca ofrecer a niños y jóvenes una formación de alta calidad. A
través de los medios de comunicación reciben éstos diariamente mil impresiones
e ideas diversas que, en principio, constituyen una inmensa riqueza, pero
pueden ser causa de desorientación para quienes no puedan discernir qué es lo
que deben asumir y qué les conviene rechazar.
Lo decisivo en la
formación de niños y jóvenes es abrir su ánimo al asombro que producen los
conceptos de relación y de encuentro. Si cada una de las áreas contribuyen por
sí mismas a suscitar tal asombro, prestarán un servicio decisivo a la tarea
educativa. Veamos de qué modo tan radical y eficaz pueden colaborar cinco áreas
con la asignatura de Ética a poner las bases de una sólida formación humana.
"Es aquí -en
este esfuerzo por unificar racionalmente la multiplicidad de elementos- donde
la ciencia alcanza sus más grandes éxitos... Pero cualquiera que haya
experimentado la intensa satisfacción que produce todo avance logrado en este
campo siente una profunda reverencia por la racionalidad que se pone de
manifiesto en todo lo que existe". "Aunque es cierto que los
resultados científicos son enteramente independientes de cualquier tipo de
consideraciones morales o religiosas, también es cierto que justamente aquellos
hombres a quienes la ciencia debe sus logros más significativos fueron
individuos impregnados de la convicción auténticamente religiosa de que este
universo es algo perfecto y susceptible de ser conocido por medio del esfuerzo
humano de comprensión racional".
Suele decirse que
las Matemáticas son "frías y áridas". Si el alumno descubre la
relación enigmática que existe entre las estructuras que configura la mente y
las que constituyen el tejido interno de la realidad, tendrá la sensación de
que, al ahondar en el conocimiento de las relaciones matemáticas, está tocando
fondo en lo real. Una disciplina aparentemente tan poco emotiva como la
Geometría inspiró a Juan de Herrera el
opúsculo Elogio de la figura cúbica, que constituye, en buena medida, la base
estética de la estructura del Real Monasterio de El
Escorial. Al descubrir, guiados por el genial arquitecto, la belleza del
cubo, generada por la trama de interrelaciones a que da lugar esa figura
geométrica, aprendemos a ver tras la apariencia adusta de ese "desnudo
arquitectónico" que es -según Unamuno-
"El Escorial" un mundo cultural y religioso saturado de
emoción .
Orientado así el
curso de Ciencias Matemáticas, el alumno termina al final asombrado ante la
importancia insospechada del concepto de "relación".
En
la clase de Ciencias Físicas, el profesor ha de
mostrar a los alumnos que la materia no es más que energía dotada de forma y
estructura. En su último estrato, la realidad cósmica no está compuesta por
trozos infinitamente pequeños de materia, sino por "energías
estructuradas". Una estructura es un conjunto de interrelaciones. Los
conceptos de relación y estructura adquieren de día en día un rango mayor en el
pensamiento científico, que tiene un medio propio de expresión en el lenguaje
matemático, el lenguaje de las relaciones y las estructuras.
Al final del
curso, el alumno se pregunta, admirado, qué tipo de energía extraña late en las
interrelaciones para ser capaces de dar lugar a la portentosa estructura del
universo. "Dadme un mundo -un mundo con relaciones- y crearé materia y
movimiento", escribió el gran físico inglés A.
S. Eddington.
El
profesor de Ciencias de la Naturaleza muestra
a los alumnos una roca sedimentada y les pide que la "lean" y
descifren su "sentido". Con ello, les insta a que ejerciten las tres
dimensiones básicas de una inteligencia madura: largo alcance (ver más allá de
las apariencias), comprensión (poner en relación diversas realidades al mismo
tiempo), profundidad (buscar el sentido de los fenómenos). Para explicar cómo
se llegó al estado actual de dicha roca, el alumno debe imaginarse que diversas
realidades y acontecimientos de la naturaleza (agua, viento, erosión de las
rocas, fuego interior de la tierra...) entran en relación durante millones de
años y dan lugar a multitud de cambios.
Al explicar la
polinización de las plantas, el "ciclo del agua", los microclimas de
los bosques y otros temas afines, el profesor incrementa incesantemente la
admiración del alumno ante el concepto de relación.
El
profesor de Historia del Arte destaca que, en la
antigua Grecia, el orden es visto como la fuente de la armonía (que está
integrada por la proporción y la medida o mesura), y ésta da lugar a las
diferentes categorías estéticas: simetría, repetición, unidad en la variedad,
integridad de partes... La armonía, vista de esta forma, es fuente de belleza y
de bondad en todos los órdenes de la vida: el artístico -y, más en general, el
estético-, el ético, el urbanístico... Subes a la Acrópolis
y admiras la belleza majestuosa del Partenón.
Cuál no será tu asombro cuando sepas que esa cualidad admirable se debe a la
armonía del conjunto, es decir, al hecho de que las dimensiones de cada parte
fueron determinadas unas en relación a las otras ("proporción") y
todas en relación a la figura del hombre que las contempla
("medida"). Para tener la debida "medida" o
"mesura", el edificio debe estar construido a escala humana; no ser
ni demasiado grande ni demasiado pequeño respecto a la estatura del hombre. En
cuanto a la "proporción", sirva de ejemplo que las columnas, por ser
dóricas, deben medir de alto 16 veces el radio de la base, que es tomado como
módulo. Algo semejante podemos decir de una escultura modélica como la Venus de Milo, cuyas partes están relacionadas
entre sí conforme a la proporción de la "sección áurea".
De nuevo la
importancia de la relación se graba a fuego en el espíritu del alumno.
El
profesor de música debe subrayar que ésta comienza a
existir cuando varios sonidos se relacionan entre sí. Doy varios golpes sobre
la mesa. Si están desvinculados, no hay música. Si los relaciono entre sí,
surge el ritmo, y con él tenemos la base del arte musical. Del ritmo procede la
melodía, y de varias melodías superpuestas brota el encanto de la armonía. Todo
el hechizo conmovedor de la música es reflejo de la relación.
Las diferentes
áreas destacan, de una forma u otra, la importancia y valía de la relación.
Ello impresiona al alumno. Pero conviene que éste saque el máximo provecho de
tal asombro para su formación como persona. Eso sucederá si en el centro
escolar se imparte una asignatura -titulada, por ejemplo, Ética o bien
Formación humana- que explique el papel de la relación en el proceso de
nuestro desarrollo personal. Cuando un alumno, tras descubrir lo que significa
la relación en el universo, oiga decir al profesor que, según la investigación
actual, el ideal del hombre consiste en fundar modos valiosos de unidad,
exclamará sin duda alguna: "¡Naturalmente! ¡No podía ser de otra forma,
pues eso es lo coherente con el modo de ser de todas las cosas!".
Por su afán
natural de independencia, los jóvenes tienden a considerar las normas como
preceptos que limitan desde fuera sus posibilidades de actuación libre. Sin
embargo, al comprender la fecundidad de las relaciones, se percatan de que la
vinculación a normas fecundas encauza su acción y la hace posible. Si aceptan
ese cauce y lo asumen, lo convierten en algo íntimo, en fuente de libertad
creativa.
El ajuste del
estilo de pensar, sentir y querer a las exigencias de las realidades que, más
que objetos son "ámbitos", nos permite plantear con el debido rigor
algunas de las cuestiones más acuciantes para los jóvenes. Entre ellas destacan
las dos siguientes: 1) cómo superar el hechizo del mero erotismo y consagrarse
gustosamente al ejercicio exigente del amor personal; 2) de qué forma prevenir
eficazmente las adicciones patológicas -alcoholismo, drogadicción,
violencia...-. Ayudar a los jóvenes a liberarse de estas formas de frenesí
alienante constituye hoy día una actividad formativa de primer orden.
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