SISTEMAS DE NARRACIÓN EN EL CINE
SISTEMAS DE NARRACIÓN EN EL CINE
Este apartado contará con la complicidad de los profesores de Lenguaje y
Comunicación.
Primero hay que apuntar que lo
narrativo es por definición extra cinematográfico: concierne tanto
al teatro como a la novela. Los sistemas
de narración se elaboraron fuera del cine, mucho antes de su
aparición. Estos sistemas remiten a tres características fundamentales:
1. Combinan, en proporciones variables, micro conjuntos que son luchas y desafíos
Reducido a una textura elemental, un relato obedece al esquema siguiente:
· Sea
una fuerza X, choca con otra fuerza Y; X e Y luchan, y uno de los términos
triunfa sobre el otro. Esta es la primera hipótesis, la de lucha.
· Puede
ocurrir que X no esté en presencia de un obstáculo, sino de una laguna que hay
que llenar: se trata entonces de un desafío.
2. Se inscriben en una temporalidad orientada, y se
encuentran entre un principio y un fin
Entre la presencia de la oposición o de la laguna, y su resolución, se produce
un cambio. Transcurre un lapso. La modificación se inscribe entre dos topes,
que son el origen y el fin. Esta característica, común a las diversas clases de
relatos, se duplica por los límites propios del cine. Un lector puede abrir un libro
donde quiera, y acelerar o hacer más lenta la lectura. Un espectador de cine
toma un rollo al principio, y no tiene ninguna manera de cambiar la velocidad
de desarrollo, puesto que la menor modificación de ritmo y sonido daría, de
hecho, otro filme. La
temporalidad mensurable de la proyección se refuerza y hace más punzante la
temporalidad ficticia del relato.
3. Ponen en escena personajes identificables
Las fuerzas enfrentadas a veces son grupos o vastas comunidades. La mayoría de
las veces toman la apariencia de individuos reconocibles. Sobre esto, cabe
preguntarse: las estrellas de
cine, ¿han obligado a los directores a centrar sus relatos en los
"héroes", o bien la necesidad de ofrecer desde el inicio de una
proyección las fuerzas principales, ha obligado a retomar de una película a
otra a los mismos actores, fáciles de identificar, fundando así el
"estrellato"? No podemos responder de inmediato, pero nos quedamos
con un aspecto: ficción y estrellas están
estrechamente ligadas.
En el cine, estos sistemas
narrativos adquieren una fisonomía peculiar, en consonancia con una
imagen que les inspira o subyace. Habría que comenzar por distinguir tres
instancias que a menudo se confunden entre sí. ¿Se ha dado cuenta, amable
lector, que solemos incluir en la misma definición términos que son diferentes?
Hablamos de historia, relato y narración como si se
trataran de lo mismo. Y aunque las ideas en torno a estas palabras varían según
el análisis, para nuestro singular viaje dejaremos algunas cosas en claro. La historia es
el contenido narrativo del film, o en otras palabras, una serie cronológica de
acontecimientos relatados.
El relato
El relato es la manera de contar estos acontecimientos. Tiene
que ver con la expresión modal, con la materialidad que ya hemos visto en las páginas
precedentes.
En el cine moderno existen variantes en la forma en que el relato presenta la
historia. Desde luego, la más cotidiana es cronológica. Pero hay otros modos. Por ejemplo, de manera a-cronológica (se altera el
orden de los acontecimientos relatados, por obra del montaje) como se presenta
desde El Ciudadano Kane (1941)
de Orson Welles, hasta Pulp
Fiction (1994) de Q. Tarantino. Otra forma es el final suspendido
o tornillo sin fin: un
relato que deja abierta la resolución, como ocurre con Los 400 golpes (1959) de F.
Truffaut. Aún hay más. Tenemos el relato en abismo, que presenta una historia dentro de otra, como ocurre
en Ocho y medio de F.
Fellini.
LA NARRACIÓN
La narración es el acto de armar un texto narrativo. El Gran Imaginador o Narrador en una película es antes que
nada el autor del filme, su director. A él le corresponde escoger un tipo de
encadenamiento narrativo, una planificación, un montaje determinado. El
director desplaza la cámara para narrarnos algo que desea. Pero no nos
confundamos. Dentro de la película, dentro del mundo construido por la ficción
(aquello que llamamosdiégesis),
la narración puede estar a cargo de uno o más personajes o de una voz en off.
Es importante detenerse en un aspecto. La narrativa literaria cuenta con
diversas voces o puntos de vista del narrador. Es lo que conocemos como
narrador omnisciente, en segunda persona o en primera persona, entre otros. El
cine dialoga con estos modos, a veces imitando, a veces rompiendo las
convenciones.
Así, mediante el uso de la palabra,
la película puede ser conducida por la voz de un narrador omnisciente, en
segunda o primera persona. Pero el cine cuenta con otros instrumentos para
evocar un punto de vista: la cámara objetiva y la cámara
subjetiva. La primera corresponde al punto de vista normal del relato. Se
nos muestra a los diversos personajes y situaciones. La cámara subjetiva asume la mirada
(punto de vista) de algún personaje. Es muy utilizada en las películas de
terror: vemos a través de los ojos del asesino sin que se nos revele su rostro.
La particularidad de la cámara subjetiva es que nosotros como espectadores asumimos el punto de vista del
personaje.
Una película reciente que ilustra diversas dotes narrativas es Belleza Americana. Allí, el personaje
de Kevin Spacey narra en primera persona (en off), pero tiene rasgos
omniscientes pues está...muerto. Además, hay un punto de vista subjetivo
representado por la cámara del joven y por los sueños del personaje de Spacey.
Nos ha parecido interesante mencionar estas características
para fomentar una discusión constructiva acerca de las diferencias y
similitudes que se establecen entre literatura y cine. Los docentes de Lenguaje
y Comunicación pueden replicar este debate con una serie de ejercicios
consignados en las actividades.
¿Cómo vamos? Hasta aquí hemos distinguido historia, relato, narración y el punto de vista narrativo. Cuando
vamos al cine, tendemos a descifrar o comprender la historia, el contenido. A veces soslayamos
la forma en que esa
historia nos fue contada, es decir, el relato. Ya Aristóteles decía que todas
las historias han sido contadas, de modo que lo importante es la forma en que
son contadas.
En Annie Hall (1977),
Woody Allen aborda temáticas que no parecen demasiado originales: las penurias
amorosas, la frustración creativa, las dudas existenciales. Es el modo en que
estas ideas se presentan, la forma en que afloran como historia, en pocas
palabras, la calidad del relato,
lo que distingue a este filme.
La película se prodiga en saltos temporales (racontos,
flash-back) o en personajes hablándole al espectador (a la cámara). En un
momento la pantalla se divide en dos para mostrarnos las contradicciones de la
pareja protagonista ante un mismo hecho. Todos estos alardes formales,
transforman a esta historia en un relato único, fiel reflejo de la personalidad
inquieta e inacabada del propio Woody Allen.
Para conseguir un abrazo eficaz entre historia y relato, el director de cine se
vale del guión.
Habitualmente se cree que el guión es la suma de diálogos de una
película. Lo que dicen los
personajes. Si sólo se tratase de esto, ¿dónde estarían las diferencias con la
literatura o el teatro? El guión es la descripción de la historia en el orden del relato, siempre
pensando en que será una imagen la que portará la narración.
Por eso el guión de cine tiene diversas fases, no siempre en este orden:
un argumento (o idea
central), la redacción de la escaleta de escenas o sinospis, el desarrollo de personajes y ambientes, la creación
de un storyboard (presentación
visual de un guión, plano por plano, generalmente en dibujo), en fin. Por un
lado tenemos un guión
literario con los diálogos y parlamentos. Paralelamente, un guión técnico que detalla los
aspectos de lenguaje cinematográfico: los planos requeridos para un diálogo, la
iluminación, decorado y los movimientos de cámara para tal escena dramática.
Esta relación entre relato (forma) e historia (contenido) es la que articula la
presencia del guión, siempre –no lo olvidemos- con miras a la imagen y el
sonido. Algunos cineastas, como el chileno Raúl Ruiz, desarrollan –improvisan,
incluso- el guión durante el proceso de filmación. Otros, como Alfred
Hitchcock, planifican cada escena en el guión y sólo entonces proceden a
filmar. Diferentes caminos para una misma devoción: la imagen como dote
narrativa.
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