FORMACIÓN EN VALORES
Lilian Arellano Rodríguez
"Se pensó, a menudo, que la
formación ética consiste en “aprender” valores, y se exhortó a los educadores a
consagrar tiempo y esfuerzo a tal forma de enseñanza. Pero la experiencia nos
advierte a diario que los valores no se “aprenden”; se “descubren”. Por tanto,
no debemos los mayores “enseñarlos”, sino “ayudar a descubrirlos”.
Alfonso López Quintás en Pedagogía de la admiración y su fecundidad educativa
Educar la sensibilidad implica enseñar a valorar… Valorar diversas situaciones
que van construyendo la historia de nuestras existencias; una historia que
vamos elaborando segundo a segundo; ininterrumpidamente… Porque esto es lo
único real: La historia de nuestra vida que se va conformando de acuerdo con
las decisiones que tomamos frente a las también ininterrumpidas situaciones que
debemos enfrentar: Los demás deciden y esa decisiones nos afectan; seamos
conscientes de ello o no; nuestras decisiones también afectan a los demás… A
veces, las consecuencias son inmediatas, directas; otras, no… se suceden en una
inacabada cadena de situaciones La escritora Marguerite Duras, lo
expresa muy bien en su novela autobiográfica “El amante”, escrita cuando tenía
setenta años:
“Ahora comprendo que muy joven,
a los dieciocho años, a los quince años, tenía ese rostro premonitorio del que
se me puso luego con el alcohol, a la mitad de mi vida. (…) Quince años y
medio. La travesía del río. (…) Debió de ser en el transcurso de ese viaje
cuando la imagen se destacó y alcanzó su punto álgido. Pudo haber
existido, pudo haberse hecho una fotografía (…) Pero no existe. El objeto
era demasiado insignificante para provocarla. ¿Quién hubiera podido pensar en
eso? Sólo hubiera podido hacerse si se hubiera podido presentir la importancia
de ese suceso en mi vida, esa travesía del río” (M. Duras, “El amante”. Ed
TusQuets, Barcelona, 1991, Pág. 15-16). Así es, no hay una foto de
ese momento de la vida de Marguerite que marcó la historia de su vida, un día
aparentemente como cualquier otro que creemos no volveremos a recordar pues
aparece rutinario. Pero esta vez apareció una limusina y en ella aquel
elegante chino que la mira para luego entablar una conversación… Marguerite
tiene quince años y medio; él veintisiete… Ella decide responderle; luego
aceptará la lleve a casa… A partir de entonces, vendrán otros encuentros y muy
pronto la decisión de estar repetidas veces junto a él, en ese departamento
donde ella decide no lo amará sino será el medio de llevar el sustento
monetario que necesita su madre para mantener a su pequeño hermano y al otro,
al irresponsable, al que los hiere… Él le dirá constantemente que la ama; pero
ella es muy niña para saber lo que es amar y pesan las palabras de su madre
sobre ella: lo mejor que puede hacer como mujer es lograr un hombre con dinero…
Año y medio después, el chino de Cholen insistirá que la ama y que ella debe
decidir: Por razones de tradición, él debe casarse con quien su padre ha
decidido debe hacerlo, desde que era niño; él está dispuesto a renunciar a todo
por ella… Marguerite insistirá en que no le ama; le dice que se case y que a
ella le dé dinero para regresar a Francia, en barco, junto a su madre y
hermanos… El día de la partida la limusina estaba allí, ella en la borda,
como la primera vez en el transbordador. Ya entrada la noche, en el gran
salón del puente principal, se dejó oír un vals de Chopin… Entonces se produjo
un salto en la vida de Marguerite “Y la joven se levantó como para ir a su vez
a matarse, a arrojarse a su vez al mar y después lloró porque pensó en el
hombre de Cholen y no estaba segura, de repente, de no haberle amado con un
amor que le hubiera pasado inadvertido por haberse perdido en la historia como
el agua en la arena y que lo reconocía sólo ahora, en este instante de la
música lanzada a través del mar” Y Marguerite envejeció porque descubrió muy tarde
quién era ella y quién era él y su amor… Un día, en París, luego de cuarenta
años, después de la guerra, bodas y divorcios, hijos y libros, la escritora
recibió una llamada telefónica: “Ella le reconoció por la voz. Él dijo: sólo
quería oír tu voz. Ella dijo: soy yo, buenos días. (…) Y después ya
no supo qué decirle. Y después se lo dijo. Le dijo que era como
antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría
hasta la muerte” (Ibíd. Pág. 146)
Nadie sabe con anticipación, cuál
será el momento de las decisiones más importantes… Lo sabremos luego, por las
consecuencias… las decisiones tomadas por Marguerite Duras, entre los 15 años y
medio y los dieciocho años, marcaron toda su vida y la de aquel hombre; las
decisiones de su madre la marcaron desde niña a ella… Marguerite se fue
revistiendo de una coraza para no amar… peor aún; para no
amarse. La forma de defenderse fue hacerse insensible, indiferente
a su propio ser y al de otros. ¿Consecuencias? Sufrió e hizo sufrir.
Uno de los factores que influyen en
la mala toma de decisiones, es el no apreciar, el no saber valorar las
situaciones posibles o actuales ante las cuales nos encontramos. Una
especie de ceguera afecta al ser humano que lo lleva a arrasar con todo lo valioso,
incluso consigo mismo; una insensibilidad para apreciar la belleza, la bondad,
la lealtad, lo sagrado o digno…
En esta Unidad, propondré algunos principios y virtudes vinculadas a ellos, que
debiéramos tener presentes, si nos proponemos educar la sensibilidad para
formar en valores.
Distinguir juicios
de valor (axiológicos), juicios afectivos, juicios sobre sensaciones, juicios
respecto ideas, juicios de fe o creencias.
Distinguir entre juicios de valor
(axiológicos) y juicios afectivos, sobre sensaciones, ideas y creencias.
C.S.
Lewis, autor de las Crónicas de Narnia, muy molesto reclama sobre los riesgos
de confundir lo que es emitir un juicio sobre una teoría o ideas con
juicios valóricos y afectivos:
“Dudo que prestemos suficiente atención a la importancia que tienen los
textos escolares básicos. Tal es el motivo que me ha llevado a elegir como
punto de partida de estas conferencias un pequeño libro de lenguaje destinado a
"niños y niñas que cursan sus últimos años de escuela" (…) No
quiero poner en ridículo a dos modestos profesores que hacían lo mejor que
podían; pero tampoco puedo guardar silencio ante lo que creo la verdadera
tendencia de su obra. Por lo tanto, he decidido ocultar sus nombres. Llamaré
Gayo y Tito a estos dos señores, y a su obra, El libro verde. Pero les aseguro
que este libro existe y que lo tengo en mi biblioteca.
En el segundo capítulo, Gayo y Tito citan la
conocida historia de Coleridge en la cascada. Recordemos que había
dos turistas presentes: uno la llamó "sublime" y el otro,
"linda"; y que Coleridge mentalmente aprobó el primer juicio y
rechazó con disgusto el segundo. Gayo y Tito opinan lo siguiente: "Cuando
el hombre dijo Esto es sublime, parecía
referirse a la cascada... En realidad... no estaba hablando de la
cascada, sino de sus propios sentimientos. En
efecto, lo que estaba diciendo en realidad era Tengo ciertos sentimientos,
asociados en mi mente a la palabra 'sublime'... o más brevemente: Tengo
sentimientos sublimes.”
He aquí varios temas bastante
profundos, tratados un poco a la ligera. Pero los autores aún no
han terminado. Añaden: "Esta confusión está siempre presente en el
lenguaje, en el uso habitual que hacemos de él. Parecemos estar
diciendo algo muy importante sobre una cosa y, en realidad, sólo decimos
algo sobre nuestros propios sentimientos". (“C.S.
Lewis “La abolición del hombre”. Ed. Andrés bello, España, 200, pág. 11-12)
Muy molesto, Lewis aclara que la expresión de uno de los turistas “es sublime”
surge ante la admiración por la magnificencia, grandeza, perfección de la
cascada, del paisaje. Se trata de un goce estético, es decir un goce ante
la belleza que, en este caso, hace referencia a la perfección de la naturaleza.
Es símil a cuando ante la visión del filme “Anjos do sol”, en el cual vemos
como una mujer se enriquece con la compra y venta de niños para su
comercialización sexual, exclamamos: “Es depreciable”. Lo despreciable es
la acción de esa mujer. Al decir despreciable, estamos valorando una
acción como perversa, no digna de ser apreciada, pues atenta contra todo
valor. No es una expresión que aluda a que nuestros sentimientos
son despreciables.
"Hay formas distintas de belleza.
Entre ellas destaca lo sublime, lo que nos asombra por su grandeza y valor, y
nos invita a elevarnos a su altura. Esta elevación sólo podemos llevarla a cabo
si somos sensibles y receptivos. (...) Cuando se piensa en lo pobres, se
lamenta automáticamente su carencia de alimento, vestido y hogar. Pero se alude
menos a la sordidez del ambiente y a la fealdad del entorno. Parece olvidarse que la
belleza va de la par con la verdad y la bondad. Son tres los ejes de la vida
humana normal" (Alfonso López Quintás en "El Libro de los
valores" que escribiera junto a Gustavo Villapalos. Planeta 1998. España,
p. 351 y 353). Por su parte, Anthony de Mello en su relato "Un
minuto para el absurdo" nos cuenta:
"El maestro le dijo a un asistente social: - Me temo que estás
haciendo más mal que bien.
- ¿Por qué?
- Porque únicamente subrayas uno de los imperativos de la justicia.
- ¿A saber...?
- Que los pobres tienen derecho al pan.
- ¿Y cuál es el otro?
- Que los pobres tienen derecho a la belleza. (Sal Terrae, Santander
1993, p.134)
Así la educación estética (de la
belleza) es parte de la formación de la persona como tal, de toda persona y todo acto personal. Es la
formación del hombre como contemplador. Enseñar a vivir la vida y cada uno de
sus actos en forma bella, para ser mejores personas, es nuestro reto. Es la
belleza del ser la que tiene manifestaciones o proyecciones sensibles para las
cuales hay que educar la sensibilidad. La educación de la sensibilidad o
estética – de la belleza- impulsa la ascensión del hombre desde lo visible a lo
invisible.
Es respetable, justo, correcto, perverso,
injusto, prudente, miserable, respetable, importante, despreciable, digno,
indigno, honesto, etc., son afirmaciones que tienen que ver con valores éticos
(vinculados al bien o mal actuar moral). Es bello, es feo; no es
armonioso; tiene que ver con valores estéticos. Es verdadero, es falso, es ambiguo;
dice relación con valores del intelecto.
Afirmaciones respecto sentimientos son: Lo amo,
tengo cariño, afecto, ternura, odio, antipatía, alegría, tristeza, temor,
angustia, pena… etc.
Juicios sobre sensaciones: me agrada este sabor, es
lindo este color, tengo hambre, estoy mareado, tengo frío, siento placer… etc.
Juicios sobre ideas son: La ley de
gravedad consiste en… El átomo de uranio… las palabras esdrújulas son…
Juicios sobre creencias: Dios existe, Dios no existe,
existe la reencarnación, con la muerte termina la existencia, después de
la vida vamos a otra dimensión…. etc.
Respecto a los profesores que Lewis critica, además,
ellos emiten otro juicio de valor cuando dicen: “Parecemos estar
diciendo algo muy importante sobre una cosa y, en realidad, sólo
decimos algo sobre nuestros propios sentimientos “. Hacen
una valoración de los sentimientos como algo poco importante, esto es, no
valioso.
Es importante la educación de
la sensibilidad para desarrollar la afectividad, despertando sentimientos
nobles que, serán tales, si esa sensibilidad tiene una dirección moral que
ordena el aspecto sensorial. Pues el violador, abusador,
cruel, son esclavos del placer; ante una falta de sensibilidad
moral. Quien tiene sensibilidad moral, valórica, pone el placer al
servicio del deber; así si un placer –drogarse, viciarse en el juego- es
destructivo, lo rechaza; si el placer sexual le impide responder a un deber
laboral, lo posterga; si siente ira, la domina y no agrede; si tiene ganas de
divertirse, pero hay una responsabilidad no cumplida, posterga la entretención…
Se deben educar las sensaciones auditivas para apreciar la música y
distinguirla del ruido; la vista para distinguir la armonía y proporciones de
formas, colores y planos para saber apreciar la obra de arte, educar el
sabor para aprender a bien alimentarse, educar la resistencia corporal para ser
laborioso y sano… En fin, educar todas las sensaciones para ser sobrio.
Existen cuatro virtudes llamadas cardinales, por cuanto ordenan todas nuestras
acciones, de tal forma nuestro actuar sea correcto, honesto, digno, moral,
bondadoso: la prudencia, la templanza, la fortaleza, la justicia. Pues bien,
la sobriedad es una virtud que deriva de la templanza que
consiste en el vivir en forma equilibrada, armoniosa: Es la virtud de la
belleza humana, pues la belleza es proporción, armonía, plenitud.
Descansar, estudiar y/o trabajar, celebrar, jugar… todo ello y más pero en
equilibrio. La persona sobria es quien posee el dominio y
autocontrol de sus sensaciones, placer, impulsos y ese famoso chilenismo “tengo
o no tengo ganas”. La sobriedad es condición necesaria para la salud, la
responsabilidad consigo y con los demás y el acceso a la auténtica libertad. La
sobriedad nos permite valorar nuestros propios intereses y deseos,
estableciendo un límite entre lo justo, sano, razonable y lo desmedido,
desproporcionado, desequilibrante, desarmonioso, injusto e insano.
Contrarios a la sobriedad es el hedonismo (búsqueda del placer por sobre todo
valor) que lleva a los siguientes vicios (realización de antivalores):
· Consumismo y despilfarro: Es el gasto de dinero en
forma incorrecta pues se compra más de lo necesario o justo, de acuerdo a las
circunstancias. Se compran cosas innecesarias o se cae en comprar algo
que podría ser justo anhelo pero injusto de acuerdo con las circunstancias.
Ejemplo de esto último: es justo anhelar un segundo par de zapatos o chaqueta
pero es injusto, si se le solicita a los padres cuando estos están sacrificando
incluso sus necesidades (comida, descanso, remedio) para dar una mejor
educación a los hijos.
· Ebriedad: Se refiere al beber en exceso,
esto es, en forma desequilibrada de alcohol; ya porque se pone en peligro la
salud o se dificulta el uso de la razón o se provoca una adicción. También es
ebrio quien bebe cuando no debe hacerlo, porque está en un lugar o momento que
no corresponde – trabajo, escuela, hospital, etc.- porque bebe cuando va
a conducir un vehículo, arriesgando su vida y la de los demás o porque prefiere
beber a alimentarse o pagar las cuentas o cumplir con otros compromisos.
Lo mismo puede ser aplicado para el fumador.
· Gula (glotonería y golosería): se refiere a quien come en
forma desequilibrada; demasiado de todo (glotón) o sólo lo que le gusta
(goloso). También cae en un vicio el anoréxico que no desea comer lo que
es prudente o justo para la salud.
· Lujuria: Es la búsqueda del placer sexual
sin más, en forma desordenada e ilimitada, atentando contra la dignidad
personal pues se cae en el uso del otro y de sí mismo. Cae en
promiscuidad quien sostiene relaciones sexuales múltiples según la
ocasión. Se llama lascivia a la imposibilidad de
controlar la libido. La lujuria puede llevar a una serie de perversiones
sexuales: abuso sexual, voyerismo, sadismo, violación, etc.
· Irascibilidad: es el enojo desmedido que lleva al
afán de destruir directamente o indirectamente a otro, a quien se percibe como enemigo
o como obstáculo para cumplir con los propios anhelos o fines. La ira es:
a) Directa: cuando se agrede psíquica, verbal o físicamente a
la persona que es objeto o motivo de la ira. b) Indirecta: cuando
se destruye lo que es importante para la persona que provoca la ira: su
familia, sus bienes o lugares vinculados a la misma y c) Cuando no se otorga lo
que es deber y corresponde. En este último caso, hablamos de violencia
por negligencia o abandono.
· Flojera: excesivo descanso o diversión
que lleva a la persona a no cumplir con sus deberes de laboriosidad, familia,
amistad, ciudadanía.
Lo mismo respecto los sentimientos, es importante sensibilizarnos hacia lo
enaltecedor, de tal modo surjan sentimientos vinculados al amor por la belleza,
la paz, el orden, la generosidad, la creación, la misericordia, la solidaridad,
la colaboración, la perseverancia, la lealtad, la fidelidad, la fortaleza o
valentía, la gratitud, el respeto, la justicia del deber y del derecho
merecido, la prudencia. El mundo, lo demás y nosotros mismos, no sólo
somos captados por una inteligencia racional sino por nuestra intimidad
afectiva y moral, social, religiosa… ¿Qué sentimientos provoca la noticia de
los constantes abusos sexuales y qué sentimientos el acto heroico de quien
arriesga su vida por salvar a otros o el amor de una pareja que se ama durante
toda su vida hasta envejecer y morir? ¿Qué sentimientos provoca ese video
donde una animal acude al lado de otro para intentar reanimarlo en un caso de
atropello? Son Es tan importante sensibilizar a los niños desde temprana edad, respecto el cuidado
de la naturaleza, de los animales, que paso a transcribirles lo que hoy es
asegurado por la psiquiatría:
“Aquellos que abusan de los animales, según indican los expertos, son
hasta cinco veces más propensos a cometer crímenes violentos contra las
personas. Un adolescente británico que mete al hámster de su hermano en el
microondas, un grupo de chicos que crucifica a un gato en la Comunidad
Valenciana y otro que asesina brutalmente a un burro en Extremadura, tres
mexicanos que torturan a un perro y cuelgan los vídeos en la Red... Animales
desollados, quemados, empalados, mutilados, apaleados…
Es frecuente leer o escuchar frases como 'son cosas de niños' cuando se
tratan estos sucesos (…) En países como EEUU, el interés por este tipo de actos
es creciente. No sólo por la mayor sensibilización hacia los animales sino por
las evidencias cada vez más numerosas de la relación entre los actos de
crueldad con los animales y otros crímenes que van desde el consumo de drogas
hasta los asesinatos en serie.
En la década de los 80, Alan Felthous, experto en Psiquiatría Forense,
llevó a cabo varias investigaciones que mostraban de forma consistente cómo
detrás de las agresiones a personas había, en muchas ocasiones, una
historia de abuso a animales. Sus trabajos, realizados con hombres
especialmente violentos internados en las cárceles de EEUU, así lo
confirmaron.
Después de eso, otros han analizado la cuestión. En 2002, la revista
'Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law'hacía público un
estudio en el cual se asociaban los actos repetidos de crueldad con los
animales en la infancia con el desarrollo de un trastorno de personalidad antisocial,
la presencia de rasgos antisociales y el abuso de sustancias.
"Aproximadamente, la mitad de los individuos asociales incurre en
conductas sádicas y si lo hacen antes de los 10 años el pronóstico es peor",
señala Montañés. Que el menor pase de un acto aislado de violencia contra un
animal a cometer otros crímenes "es una escalada", añade este
experto. "Si repites el acto y va aumentado el tamaño del animal; si se
disfruta… Las posibilidades son mayores".
La sensibilización en España ante esta problemática es baja. "Estamos a la cola",
afirma Núria Querol i Viñas, médico de familia del Hospital Universitario Mútua
de Terrassa, criminóloga y experta en estos temas. "El maltrato a los
animales es espeluznante y pocas veces se hace nada", añade.
Sin embargo, subraya Querol, que además es miembro de la Asociación
Americana de Criminología, "cuando se detectan casos de menores que
maltratan a animales, hay que tener cuidado porque puede haber un trastorno
de conducta. No se puede pasar por alto, es una oportunidad para
intervenir".
En este punto coincide con ella el doctor Montañés, que incide en la
necesidad de "acudir al psiquiatra en
casos de crueldad con los animales porque al principio estas personas
pueden tener fácil remedio. La falta de control de los impulsos, la empatía, el
manejo de la ira... son cosas que se pueden tratar si se cogen a tiempo",
añade Querol.
Uno de los objetivos de esta experta es instaurar en España, como ya
existen en otros países, programas de intervención para trabajar con estas
personas ya que "es muy importante cambiar los valores y no se
hace de forma sistemática", concluye” (Diario El mundo /08/2010. Cf.
http://www.elmundo.es/)
Charlie y la fábrica de
chocolates
(http://www.youtube.com/watch?v=nV_Lcn17q3o&feature=related)
Una película que presenta vicios
y virtudes
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